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domingo, 27 de agosto de 2017

Los maestros, los guías

Pelegrina, Guadalajara.



"Amo la naturaleza, amo la música de Bach
Amo al árbol, al viento  y al caballo
Y guardo para mí un anhelo profundo:
El de sumarme un día a la legión de los anónimos,
sin nombre, sin imagen, sin historia personal,
sólo un canto de amor y paz
que el viento lleva hacia un mundo de hermanos"

Atahualpa Yupanqui


La Pedriza, Madrid


¿Qué es el hombre sin la naturaleza? Un ser que deambula dormido en la oscuridad  de la rutina y el materialismo, de la egolatría y egocentrismo. En definitiva, un ser destructivo con el medio qu e le soporta, con sus semejantes y sobre todo consigo mismo. Sin comprender, respetar y admirar la maravilla de lo vivo el humano poco a poco, se marchita en vida.

La Música, sigue e imita la armonía de la Naturaleza, de esto sabían bien Don Atahualpa y Johann S. Bach. Dos maestros que nos dejaron su legado para no perdernos en el caos y en la oscuridad.

Su música sigue siendo una antorcha...


miércoles, 27 de enero de 2016

La unción, el ruego silencioso al instrumento, a la madera.


Cuánta sabiduría y profundidad se pueden apreciar viendo y escuchando a Atahualpa, en él se encuentra la sabiduría que sólo la tierra puede revelar a los humildes de corazón, poseedores del respeto y la reverencia hacia la vida, del “ruego silencioso”. Los pueblos ancestrales nativos  también conocían de este tipo de sabiduría, Atahualpa se nutrió de la tierra, de su pueblo. Este ser humano fue un verdadero legado y regalo de La Tierra, con mayúsculas, quien a través de la voz de un hombre solitario y recio del campo, que con sólo su guitarra y su voz hizo una de las más bellas poesías que aun continúan viajando por esos infinitos...


“El hombre canta lo que la tierra le dicta. El cantor no elabora. Traduce.   "

“La guitarra antes de ser guitarra , era madera, ese gajo, ese pedazo de madera integrante de la selva tiene que haber recibido pájaros a toda hora del día, miles de pájaros han cantado a través de los años en la selva; con humedad, con frío, en invierno, con sol, con amanecidas, con sustos, con coraje y con primaveras, con amor, con polluelos, con hijos, sin hijos... El cántico del ave ha sido siempre el elemento. Como madera sensible, esa madera se ha recontrapenetrado de ese cántico. Alguna vez la hacharon, alguna vez se cayó, o la usaron, la ahuecaron, la pusieron a templarla como tabla y alguna vez la formaron pero era una vibración, una madera llena de vibraciones, de infinitas vibraciones y ¡qué vibraciones! Cantos de pájaros, miles, miles de horas en miles de días de cantos de pájaros. La guitarra sabe de sonidos cualquier cantidad de tiempo, de veces, de voces, de horas, de primaveras, de inviernos, de soledades, de tormentas, de silencios, de rumores... Todo lo sabe la guitarra. Todo. No tiene un secreto para ocultar, todo lo atesoró en sí y lo da, lo da tal vez cuando lo merece la mano que la busca, en la medida en que no lo merece la guitarra se puede negar. A veces he oído "No me dice la guitarra. Esta guitarra es muy buena, está bien construida pero a mí no me dice" ¿No será que no ha hecho nada para merecerlo todavía? Le ha faltado la unción, le ha faltado la condición del ruego, del ruego callado: Ayudame. El decir ayudame sin decir la palabra, el acercarse para que le ayude, para que el instrumento lo ayude a transmitir tal o cual asunto que tiene algo que ver con el sentimiento humano”.

“La luz que alumbra el corazón del artista
es una lámpara milagrosa que el pueblo usa
 para encontrar la belleza en el camino,
 la soledad, el miedo, el amor y la muerte”.

Atahualpa Yupanqui



miércoles, 9 de diciembre de 2015

"La guitarra", otro hermoso poema de Atahualpa



 La guitarra


Esbelta y silenciosa, en un rincón del cuarto,
te contemplo, guitarra. Casi ajena a este mundo.
¡Qué pobre es mi pobreza, y cuánto tengo!
El siempre amado desorden de unos libros.
Una daga oxidada, y un par de espuelas.
Claro, mi padre me bendice cada día.
Y allá, tras la ventana
la enorme ciudad gris que nunca conocemos.
Te veo como recién llegada de muy lejos.
De otras edades, de otro color del mundo.
Dime, guitarra
¿conocí alguna vez tu propio canto,
tu profunda, secreta melodía?
O simplemente, buena, sabedora de todo,
dejaste que los hombres elevaran su voz
diciendo cosas y asuntos imposibles
junto a ti
tan ausente como un adiós sin lágrimas.
Guitarra, abuela cósmica,
quién podría decirte una palabra nueva,
para ser escuchada.
Hace ya muchos siglos pasó tu adolescencia.
Tu primavera loca, con segadores
cuyo canto encendía estrellas, una a una.

Y ese otoño de amor con vidalitas.
Y el invierno en la sierra, solo, solo como el vuelo de un cóndor.
Quién podrá nunca contarte sus adioses
a ti, que eres adiós, rama fugada.
¿Sabrán los pueblos que para estar con ellos
huiste de los brazos de los dioses... ?
Te contemplo, guitarra, y sé que entiendes
el minuto en que nosotros nos morimos cada día.
Si yo tuviera que decir amor, o paz, o adiós, o espérame,
ya no podría decirlo junto a ti. Ya no podría...

Tan alto es tu universo. Tan pequeña es mi casa...

Atahualpa Yupanqui