viernes, 10 de julio de 2026

Cartas de Pierre- Dictadas después de morir (PARTE II)

 Los pecados más graves son los pecados contra el Amor; el Amor es Dios: siempre que el hombre falta al amor, hiere el Ser mismo de Dios. La existencia terrenal es la escuela del Amor, en ella debemos aprender la práctica perfecta del amor en la solidaridad. El mal reina en la tierra, porque el hombre, fallando a su vocación, indiferente hacia todo lo que no es su propia persona, vive en un feroz y cruel egoísmo. Es esclavo de su ego y se adora a sí mismo. 


Andrei Tarkovsky (colección de polaroids)



Pobre mamá veo tu pena ante la muerte del perrito... sin embargo, tampoco ellos esos pequeños "hermanos inferiores" mueren para la nada, sino para una vida más hermosa y superior a su condición terrestre. ¿Cómo no se va a interesar Dios por esos pequeños seres, que su Voluntad creadora ha puesto al lado de los hombres? Esos humildes amigos tan fieles no permanecen tampoco en la tumba, y aunque no llegan nunca a las altas esferas espirituales, disfrutan sin embargo de un "paraíso" hecho a su medida, el hecho nuevo de poder comunicar sus pensamientos y recibir los de las almas humanas , supone para ellos una incomparable felicidad. Así el simpático perrito a cuya separación del cuerpo achacoso asistí a tu lado, está ya muy contento a mi lado... si se me permite tal eufemismo. 

El amor es la meta de toda la creación en todas sus manifestaciones: es lo que más pesa en la balanza de la prueba; pues bien, es difícil encontrar unos amigos más sacrificados que los compañeros de los hogares humanos: ellos no conocen el egoísmo espiritual- quiero decir que el afecto que dan a sus amos no tiene límites ni restricciones-. Ved en ello la prueba de una evolución, superior a lo que vosotros pensáis, y al mismo tiempo, la certeza de que hay en ellos un alma sencilla que sobrevive a la muerte, ya que el amor, el amor verdadero, es "más fuerte que la muerte", por tanto inmortal. Las demás criaturas han recibido también el soplo de vida de Dios y le son queridas.


Andrei Tarkovsky (colección de polaroids)


El buen perrito que vino a mi lado, no había perdido nunca realmente el contacto conmigo, puesto que me veía con mucha frecuencia; en efecto, sus sentidos psíquicos están muy desarrollados. Todo lo que te digo aquí, querida mamá, te hará comprender que Dios no permite nunca la desaparición completa de la chispa de amor: un alma, evolucionada o no, que mantiene oculta la esencialidad inmortal, el Amor, no morirá. Todo lo que es amor, permanece; es una partícula del mismo Dios, ya que el Amor es Dios.

Los animales que han compartido la existencia de los hombres, en una corriente de fidelidad y amor, tienen también derecho a acercarse a aquello que fue el cariño profundo de sus almas elementales. Como te he dicho, el perrito que tanto te quiso evoluciona alegremente siguiendo tus huellas. Ha vuelto a encontrar aquí a todos sus semejantes, que vivieron a vuestro lado llenos de afecto servicial y perfecto; es completamente natural que estén juntos, puesto que tú eres el centro de atracción para su pensamiento. Su felicidad nos parece relativa, pero responde suficientemente a sus deseos psíquicos.



Nuestro mensaje se os transmite desde unas esferas, superiores por la espiritualización, pero es a vuestro lado donde se apiñan todos vuestros seres queridos, tratando de arrastraros hacia esa vida despojada de las torpezas inherentes a la materialidad: la codicia en todas sus formas, codicia de la carne, de los ojos, de los bienes del otro, incluso de la superioridad temporal o moral de los que os rodean... en una palabra, de todo lo que os parece tener un predominio cualquiera sobre vuestro ego ladrón y cruel.


Querida mamá, en este trabajo doloroso, que hace derramar sudor de sangre en vuestros corazones, hay ángeles que os asisten para daros fuerza. Esos ángeles no son exclusivamente los seres sagrados servidores en el santuario de Dios, sino también los espíritus que son semejantes a ellos: ¡todos nosotros! Dios nos envía, y nosotros os recordamos que Cristo prometió "no dejaros solos" (Jn 14, 18). Nuestra obra no es personal, es la obra de Dios. Sin embargo, en su amor Dios envía a cada uno de sus servidores a aquellos que le son queridos especialmente en la tierra. Cristo conoce  nuestro cariño triunfador de la muerte... y es Él, Jesús, el Perfecto-Amor, el que me envía a vosotros  para deciros: "¡Animaos!"


Vivir la vida del alma es ya vivir en el Cielo, "en el reino de Dios", proclamaba aquel que repetía las palabras de su Padre... "El Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21).


Antes de reconstruir el unísono de perfección esencial, y para realizar el querer ideológico de Dios, es indispensable llevar cada alma a la perfección inmanente. Ya ves cuál es la tarea de la humanidad, tanto en vuestro mundo como en el nuestro: para esto, hacen falta esfuerzos constantes que superarían nuestras fuerzas espirituales, si Cristo (al Amor por excelencia, puesto que es el Amor de Dios) no hubiera descendido entre los hombres para servirles de Luz, de Camino, y para enseñarles la Vida única, mostrándoles la única Verdad. El alma encontrará la posibilidad de mostrarse más fuerte que ella misma, exclusivamente, únicamente en el amor, en el mayor amor... la renuncia. Esta es la obra de muchas esferas evolutivas, pero para apresurar su perfeccionamiento glorioso, debéis comenzarla en la tierra.

El alma posee en sí misma un centro del ser, único que constituye su personalidad definida, y que todo lo que sucede en torno a ese germen, semilla de Dios, son sólo condiciones accesorias, aunque necesarias, para lograr la ascensión de la individualidad inmortal hacia Dios. Porque ello es así, comprended definitivamente que el hecho de dejar la forma terrestre de uno mismo ya no es nada, y que la muerte es una necesidad de depuración que no altera la personalidad de las almas. Lo que hace a la muerte tan trágica y dolorosa, es la imperfección de los sentidos, que opone un obstáculo únicamente material, pero con el que queda velada para las almas en la carne la espiritualidad constitutiva de los desencarnados. 

Dios, lo repito... no me cansaré de repetirlo, no desea mantener bajo ese velo agobiante y cegador a los que lloran... a los que esperan en Su misericordia infinita. ¿No os anunció Cristo la vida eterna? ¿no os enseñó  a través de la vista?... con la visión de su cuerpo saliendo glorioso de la tumba.


El alma es inmortal, si se mantiene en lo que Dios quiso que fuera, cuando Él se desprendió de una de sus parcelas constitutivas, en favor de cada una de las almas que deben engendrar sus criaturas, humanas u otras. El centro del alma es Dios en vosotros, por tanto la Perfección definitiva y que siempre ha sido: éste es el don de Dios.


Existen entre nosotros los jóvenes soldados y los reclutas que acaban de llegar a las esferas inmateriales, y sus jefes, y los ángeles... y los arcángeles, y Cristo, Paridad de Dios por esencia y por nacimiento. Todo lo que os sugieren las visiones reveladoras de las Escrituras, en lo que se refiere al ejército celeste, es la realidad, la verdad; su jerarquía es el gobierno del Rey de Reyes. Es una organización maravillosa, querida mamá, donde se toman todas las decisiones con un pensamiento de amor infinito, y se ejecutan de la misma manera.

La solidaridad humana no está dividida en dos; la humanidad espiritualizada es solidaria de la humanidad terrestre. El amor triunfa de las tumbas, y el mayor amor es renunciar a uno mismo para pensar sólo en los otros. ¡Por eso no podríamos vivir nuestra vida tan hermosa, olvidando vuestra existencia de incertidumbre y de pecado! Obedecemos con alegría las órdenes del Perfecto-Amor, y vamos hacia vosotros, como "gran nube" de almas liberadas, para sosteneros mostrándoos el Cielo abierto por Cristo. 

Nosotros no hemos perdido la apariencia humana, pero dejamos en la tierra las enfermedades de nuestra carne. Queridos míos, estáis rodeados por lo Invisible, vivo, activo, lleno de amor. Estad atentos a todas las manifestaciones de nuestro cariño solícito; ¡qué alegría para nosotros cuando vuestros corazones acogen nuestros esfuerzos que tratan de consolaros, haciéndoos presentir la felicidad cercana de las despedidas pasajeras!

¡El Cielo no sería digno de las promesas del Hijo de Dios, si los que se aman hubieran de vagar como fantasmas en espacios infinitos!

Si comprendierais que la muerte es una ventaja y no una desgracia para quien ha pasado el velo, ya no tendríais nunca en la boca  esa expresión tan errónea: "¡Pobre hombre!...¡pobre madre!... ¡pobre hijo!..." ¡qué poco de acuerdo está este lamento con vuestras creencias evangélicas! ¡Admitís la victoria de Cristo sobre la muerte pero dudáis de la palabra de Dios, cuyas promesas están llenas de amor y de perdón!

Nosotros abandonamos la tierra para una evolución superior, para una vida más libre, más bella, con medios de acción incrementados y facilitados, para un ideal más perfecto, cuya consecuencia es la felicidad, que crece con cada esfuerzo hacia el bien... ¡y vosotros nos lloráis! ¡qué incoherencia en vuestra fe!


Querida mamá, nosotros tenemos también otra actividad  (muy dura, muy difícil, muy "ingrata"), pero nos entregamos a ella con ansiedad y fervor, con un entusiasmo incansable: es la de despertar a las almas que se pierden; los ángeles de Satán las corrompen con sus tentaciones monstruosas y que por su seducción arrastra a las almas hacia el abismo de la "segunda muerte"

Todos vosotros necesitáis de la ayuda de Cristo: lloráis, ¡Él os consuela! habéis pecado, ¡Él os perdona! ¡Él os ama! ¡Él es el Amor!... ¡el amor sólo puede consolar y perdonar!


No te asustes ante las dificultades que hacen tan duro el camino, cuando el alma fiel está triste: Dios no os pide afrontar solos ese rudo viaje... Cristo sigue con nosotros en las esferas que Él ilumina con su presencia visible, con vosotros a quienes Él reanima con su presencia invisible

Dios hace todavía más, querida mamá... díselo a todas las madres desesperadas, a todos los corazones rotos por la muerte de un ser querido: "¡Dios hace todavía más! porque es a vuestros propios Invisibles a los que envía a las moradas terrenales, para llamaros por vuestros nombres... para demostraros la supervivencia y la cercanía de las almas, en la integridad completa de su personalidad inmortal.

Mirad a Cristo en Getsemaní, en el Pretorio, en el Calvario... ¡Qué inmenso abismo de desesperanza moral, ante la ingratitud, el abandono y el odio!... ¡de horror físico, en aquella carne joven y pura y santa, ante la tortura que se acercaba: ¡un suplicio y una ignominia! Cualquiera que sea vuestro dolor, oh hermanos del Justo, muerto con un pensamiento único de renuncia y de amor por vosotros... llámese enfermedad, soledad, traición, pobreza o duelo, ¡nunca igualará a la de vuestro Salvador en la Cruz!


La humanidad está adormecida con los ritos del mundo que le absorben y le llenan... Cuando llega la hora, cuando Dios llama a esas almas despreocupadas, nosotros somos testigos de su sorpresa en primer lugar, después de su angustia, y (gracias a nuestros esfuerzos fraternales) casi al momento de sus remordimientos. En efecto, las almas totalmente perversas son raras. La mayoría de las veces, el sentimiento que las lleva a esa insuficiencia y la incapacidad moral es la indolencia, que podríamos comparar con un sueño estéril.

La preocupación por la vida material absorbe de tal modo vuestras facultades intelectuales y activas, que perdéis por completo la conciencia de vuestra vida espiritual. ¿Qué tenéis un alma?... eso no os preocuparía sin duda, si los momentos de dolor y de luto no os detuvieran en vuestra carrera vertiginosa a través de la existencia. No os preocupa descubrir la meta hacia la que camináis tan febrilmente. Es menester no obstante que recordéis esto: "Con Dios no se juega, y el que haya sembrado en la carne, recogerá la corrupción" (Gál 6,8) ¡Qué pensamiento más serio!... ¡yo diría incluso terrible!... No me dirijo a vosotros con el deseo de mostraros la severidad de Dios, sino su Amor, sin embargo ¿seríamos nosotros dignos del mensaje celestial, sino dijéramos a nuestros hermanos: "Dios es amor, pero también es justicia?" Sería muy imprudente no plantearse sinceramente la certeza de la justicia de Dios, tal como nos lo profetizó el mismo Cristo: "El rey les dirá:Retiraos de mí, malditos!" (Mt 25,4)

El juicio del Dios-Hombre está lleno de misericordia y de mansedumbre, pero la indulgencia no puede rebajarse hasta la debilidad, que dejaría de ser justicia y "lo que el hombre siembra, lo recoge" (Gál 6,7)

Dios es para cada uno de sus hijos, como la madre que tiende sus brazos al más culpable de los suyos, cuando busca ese asilo bendito entre lágrimas de arrepentimiento. No encontraréis en la justicia divina ninguna "recriminación" de los pecados pasados y perdonados, si vuestro rechazo del mal es sincero. Sin embargo para sentir ese remordimiento y esa pena, no hay que dormirse: el sueño le hace al alma incapaz de reaccionar contra la corriente nefasta, que la arrastra inconscientemente y acabará en la sima de la muerte espiritual... la "segunda muerte", que no conoce resurrección.


Nuestra misión es en especial una misión de consolación y de amor; todo espíritu liberado, lleno de la influencia espiritual de Cristo, puede volver a vuestras casas, hablándoos de la vida del Cielo y del amor del Padre.  Querida mamá, ¡no busquéis fenómenos excepcionales o extraños! Poneos de rodillas y esperad las gracias del Amor divino... No todos contaréis con pruebas tan evidentes, pero todos (lo repito de nuevo todos, todos, todos...) podréis sentir latir más deprisa vuestros corazones, porque vuestro espíritu sentirá el contacto del espíritu amado, al margen incluso de vuestra conciencia. Y Cristo descenderá hasta los afligidos, a través de los recién nacidos del mundo espiritual, puesto que ellos aportan el Amor... ¡Cristo es el Amor del Padre!

Para vosotros las "almas" son vagas nebulosas que flotan erráticas en el cielo. Sed sinceros con vosotros mismos: la mayoría de las veces, es una visión de este tipo la que pasa por vuestro pensamiento. La realidad no es así. El alma tiene una constitución, lo mismo que el cuerpo animal; y su cuerpo (el cuerpo espiritual) existe, con sus facultades especiales, adaptadas al nuevo estado en que se ha convertido su existencia. El cuerpo espiritual del que os habló San Pablo, posee también órganos que le son propios, facultades que nos permiten veros, hablaros, recordaros, amaros... y también arrepentirnos. Seguimos siendo nosotros mismos, en definitiva, y  la muerte es una trasudación en la que nuestro cuerpo, glorificado por el amor de Cristo y por el don de la vida eterna, pasa a través del cuerpo material del que abraza la forma y conserva la personalidad total. Puedo decir incluso que se trata de una transubstanciación que cambia, que espiritualiza, que purifica la materia y la prepara así a la vida de las esferas celestiales.

Nuestra existencia tiene la misma meta que la vuestra, y tal como Dios la ha querido para todos: "una elevación continua, impuesta por el sentido del deber (la conciencia), que poco a poco llevará nuestra evolución a una perfección suficiente para permitirnos la visión de Dios... después, a una comunión tan perfecta, que llegará a la unidad".




Si la promesa de Cristo: "Estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28,20) se realizase de una manera tan subjetiva como os lo enseña el concepto filosófico del Verbo de Dios, jamás habríais encontrado el consuelo en la desgracia. Pero la promesa de Cristo, el compromiso que Él tomó frente a la humanidad, fue dar Su Carne y Su Sangre.... prestarse a ser comido por aquellos que lo amasen lo suficiente como para buscar este Alimento único, del que debe nacer la vida eterna. Esto no es ya una concepción subjetiva,  ¿no es así?... Cristo que hablaba en sentido espiritual, (no simbólico), ofrecía para la salvación del mundo una realidad sensible y muy lejos de un ideal impalpable. Vosotros no sabéis comprender  la escena mística y la comunión perfecta, nupcias santas del alma humana y de su Dios.



En el cáliz de vuestra integridad  inmortal, recibid las gotas de la Sangre preciosa, sinónimo de vida que corre por las venas de Dios (si se me permite utilizar esta imagen). Dirigid vuestros labios a la Hostia divina que se convertirá, en vuestra boca, en el Verbo de Dios, su parte activa y comunicable, resultado de la vida alimentada por la sangre, ¡el Pan vivo!... ¡alimento!... ¡riqueza a recibir para difundirla!

El Dador de Todos los Bienes no admite la avaricia, ¡ni siquiera por las cosas santas! Lo que Él os ofreció con tanto amor, no será sepultado en vuestras almas: el talento debe producir; y cuando vosotros lo devolváis a vuestro Maestro, le aportaréis también los intereses de su haber (Mt 25,27), es decir: de otras almas iluminadas, consoladas, salvadas.

El silencio es un bien no sólo necesario, sino esencial para la vida de las almas. El silencio es el reposo espiritual, está lleno de fuerzas renovadoras.
Vivir en una agitación ruidosa y atolondrada, disminuye las fuerzas mentales lo mismo que las fuerzas espirituales. El alma languidece en la atmósfera excitada de la agitación mundana... exclusivamente mundana, y la enfermedad del alma humana tiene una repercusión, positiva y material. De ello resulta que el cuerpo sufre con el sufrimiento del alma.
Considerad el silencio bajo todos estos diferentes aspectos: ¡El silencio en el recogimiento, en la sumisión, en la aceptación! el silencio en medio de las injurias, las burlas, ¡y ante la injusticia! el silencio de la plegaria, y en fin, el silencio del arrepentimiento y del amor...

No existen dos mundos, ni dos vidas, ni dos humanidades; nosotros seguimos tiernamente unidos por la inmortal solidaridad de la raza, y vosotros solos sois la causa del muro que nos impide "tener cogidas las manos". Las esferas celestiales no tienen entre sí otra separación que el progreso de las almas, no hay entre nosotros más obstáculo infranqueable que la duda y el pecado. Estos son obstáculos espirituales, por tanto, posibles de destruir por la fe: "certeza demostrada de las cosas que no veis" (Heb 11,1)

Querida mamá, ¡oh! ¡díselo a ellos!... ¡diles que contemplen al Salvador expirando! En esa contemplación, verán la respuesta a todas las inquietudes del alma (ya sea a la necesidad de amor, a la necesidad de justicia, a la necesidad de perdón o a la esperanza de salvación, de paz, de descanso, de felicidad)… Todo está ahí, en ese Cuerpo roto... en esa corona de espinas... es esos Ojos, que ven a aquellos a quienes Él quiso salvar y a otros que lo injurian y lo hieren... en esa Voz que dice: "¡Padre, perdónalos!"... ¡Todo está ahí!
Aprended por tanto el significado de la Cruz: la Cruz es la "raíz del amor revelado". Jesús en la Cruz fue la expresión realizada del Amor del que todo procede, ¡puesto que el Amor es Dios!






Querida mamá recuerda la realidad de nuestro ser resucitado de la tumba, no ya en una carne corruptible, sino revestido de la envoltura fluídica y espiritual, que le da la continuidad de su apariencia terrestre; hay que entender por tanto que nosotros vemos a Cristo con una forma parecida a la que lo conocieron los hombres entre los que vivió en la tierra... Viene hacia nosotros por los caminos floridos de los campos celestiales, lo mismo que antaño por las montañas de Judea, y nosotros nos reunimos en torno a Él, como lo hacían sus discípulos. La vida de nuestras esferas no es una efluencia de vapores, formando un ambiente vago e impalpable, es una vida asentada en el espíritu, como lo estuvo en la materia nuestra vida en la tierra.

Mi querida mamá, tú sientes  a veces esa sensación del casto beso de las almas... no es un sueño, ni una fantasmagoría, cuando os alejáis momentáneamente de la materia, nuestras almas que se buscan, se encuentran. Nosotros descendemos hasta nuestros seres queridos que nos reclaman, para permitir que la carne y el espíritu se encuentren en una cita, promesa de las reuniones eternas. Elevaos hacia esas esferas intermedias; ellas os son accesibles... (lo repito, las esferas son un estado del alma) … os rodean: la presencia fiel de aquellos a quienes vuestros ojos ya no saben ver, protege a vuestros corazones amantes de la tristeza de la soledad.

¡Entre vosotros, en la tierra, cuando el corazón que se ha entregado, se siente ignorado, lo tortura una desesperación impotente!... nuestro dolor se parece a ese dolor terrestre: nosotros venimos a vosotros... os rodeamos con nuestros brazos, mantenemos nuestra fidelidad al pasado que lloráis... ¡y no conseguimos haceros sentir nuestra proximidad!... ¿Podríamos reprocharos esta barrera?... ¡nosotros mismos la hemos conocido! Sin embargo, la conciencia misteriosa de vuestra alma os hace presentir la cercanía tan ansiosa de aquellos a quienes echa de menos vuestro recuerdo,  y a quienes vuestro deseo clama por volver a ver. En esta impresión muy viva de un contacto psíquico, debería seros posible sentir el roce de nuestro ser ¡Haced el esfuerzo necesario! No es preciso haber recibido de Dios el don de la clarividencia y de la clariaudiencia, para comprobar que las promesas de Cristo deben entenderse mucho más literalmente de lo que generalmente hacéis. 

Dios me ha enviado a tu corazón doloroso, como un don que debíamos compartir con todos los que ignoran todavía el triunfo de la vida en el Amor. Debemos recordar siempre que somos hostias queridas por el Eterno para el altar de Su amor... ¡Dejemos que la voluntad de Dios luche en nuestras almas! ¡demos testimonio a todos los hombres de las gracias recibidas para purificar el sufrimiento y secar las lágrimas, puesto que Dios permite que mi cariño irradie verdaderamente hasta tu alma...!

Mamá querida, un hijo que obedece a su padre porque su corazón está lleno de amor, no se extraña de las decisiones paternales: recuerda el honor de su nombre... este hijo obedece, pero lo hace por honor y por amor, sin servilismo, ni desagrado. Jesús, nuestro Modelo, obedeció así hasta el suplicio del Gólgota... ¡por honor y por amor!
Y ahora, si es necesario, vosotros, los hermanos de ese "Emmanuel" que vivía como un hombre... ¡id y lavad los pies de aquellos que os rodean! ¡Sufrid, porque ellos os ignoran y os odian! Soportad la injusticia, la delación, la injuria y recibid la corona de espinas si es necesario... ¡si es necesario! ¡Por honor y por amor! Amén.

En cuanto a nosotros aquí, querida mamá, tenemos un conocimiento verdadero del Hijo de Dios: un conocimiento completamente nuevo. No nos sentimos sorprendidos de verlo en medio de nosotros. Nosotros hemos reconocido, tal como Él nos enseña, que Cristo y Dios son "Uno" (Jn 27, 21 y 22)

La vida es un despliegue de energías, que deben subsistir desde el momento en que fueron suscitadas. Esforzaos por dirigir esas fuerzas, no sólo espirituales, sino materiales, para formar el ser que vosotros seréis en el otro mundo: os encontraréis allí en presencia de ese doble, que habrá que revestir y modelar bajo la mirada de los ángeles... y sobre todo, bajo la mirada irreductible de Cristo, Espíritu integral de pureza, de justicia y de misericordia: el Amor.
Cristo es un miembro de Dios, un miembro del "corazón de Dios", diría yo para situar el afecto divino y paternal de manera que os permita representároslo. Cristo es Amor... ésta es la razón por la que Él existe, apasionadamente bueno, inefablemente puro, castamente tierno, infinitamente misericordioso.

Cristo es para nosotros la "Luz del Sol"... cerca de Cristo, no hay noche: "El Señor Dios nos ilumina" (Apoc 22,5); Cristo es para nosotros la serenidad y la paz... al lado de Cristo-Luz, el odio y los rencores se funden como nieve; Cristo es para nosotros fuerza y actividad... al lado de Cristo la vida se hace fecunda; Cristo para nosotros es alegría y caridad... al lado de Cristo-Luz reina el Amor. La actividad de las tinieblas se destruye por la Luz, y la del Mal, por el Bien soberano. Cristo introduce en nosotros efluvios adorables del Amor de Dios, y sólo aquellos que rechazan preguntar lo infinito del pensamiento (no hablo aquí del pensamiento intelectual, sino del desapego del alma), no podrán sin duda descubrir al Hijo de Dios.





Jesús hombre pasó por la tierra para facilitaros el camino hacia la perfección exigida: contempladle en la simplicidad de su vida: ¡Jesús conoció el hambre, la sed, la fatiga de los largos días del verano, y el frío de las noches de invierno, y la necesidad de vestirse, y la tensión nerviosa de las esperanzas frustradas, y el entusiasmo de las esperanzas que renacen!... Jesús se sirvió de estos sencillos medios para elevar su alma hasta la perfección... ¡haced lo mismo! ¡Nuestras plegarias os sostienen y os sitúan en el camino ascendente! Como en todo, Cristo es el único camino que lleva hasta Dios. No perdáis de vista la dualidad de Cristo y su unidad. Renunciaréis entonces a dirigiros solos, y elevaréis en el vacío aparente que os rodea, los brazos suplicantes. ¡Ese vacío no existe! ¡avanzáis por el mismo camino que nosotros, los espíritus de vuestros hermanos! algunos se distancias de vosotros... pero la mayoría está a vuestro lado, ellos os llaman, os hablan de su experiencia del viaje, os tienden las manos para ayudaros a superar obstáculos... ¡seguidnos!
Hay que decir, no obstante, que también a nosotros nos hace falta vuestra ayuda: la fidelidad de la vida según Dios y la pureza de las almas amadas son para nosotros una fuerza incomparable, porque la solidaridad de los hombres atraviesa las fronteras de la muerte, y nuestra acción, la de unos sobre otros, es recíproca.  Querida mamá, continuad por tanto con todos nosotros la peregrinación cuya meta y término son la perfección: el Redentor va delante de nosotros, atento y misericordioso... ¡buen pastor que conduce al redil a su rebaño! No todas las ovejas están tan sanas, ni todos los corderos tan robustos... ninguna, ninguno es ignorado por ese Pastor compasivo, porque su nombre es "el Amor".
¡Oh mamá, si vosotros supierais!... ¡si supierais lo mucho que nos ama!... ¡si supierais lo mucho que nosotros lo amamos!




Jesús llegó a la victoria por el sufrimiento... al Amor victorioso, pasando por el abandono y la derrota aparente... Querida mamá, la muerte que apaga nuestros ojos, que detiene nuestros labios, las tiernas palabras... la muerte también es el camino del amor vencedor y de la alegría, primicias de la conquista de la felicidad... La muerte es la puerta que se abre a la visión incomparable de Cristo... ¡Amor! ¡Amor! ¡¡Amor!!

Nosotros conocemos aquí una felicidad muy superior a la de la tierra, pero que se parece todavía a la que vosotros sentís. Me refiero que seguimos vinculados a una  concepción de la felicidad, que todavía debe modificarse ligeramente. Es completamente  racional que experimentéis el sentimiento de la alegría personal, si por otra parte esta alegría no perjudica a vuestros semejantes, si está llena de agradecimiento  hacia el Dios que os llena con su generosidad. No os sintáis por tanto culpables o profanos por experimentar un sentimiento que os recomendó el apóstol: "¡Estad siempre alegres!" (II Cor 13,11)

Dios os pide el esfuerzo constante hacia la santificación; esto quiere decir,  la purificación de vuestra voluntad: ella debe volverse cada vez más hacia el Amor, lo mismo que la flor hacia el sol. Si orientáis vuestra voluntad en el sentido único de la renuncia, del desprendimiento, y hacia todo impulso sin egoísmo, podéis alegraros con nosotros de ser los servidores fieles del Dios que os espera para enseñaros la verdadera felicidad, en la que vuestra felicidad personal será la gota de agua en el océano sin orillas de la felicidad universal. Éste es el océano de Amor que se llama: Dios. Nosotros somos las gotas de Amor salidas de la fuente inicial, el Verbo de Dios, que forman los ríos sustantivos que convergen en el Único: Dios. Sin nuestra aportación voluntaria, el Ser de Dios quedaría disminuido (entended estas palabras de manera espiritual) y nosotros seríamos culpables ante Dios, ante la raza humana, ante nosotros mismos.
Los profetas presentían ya que el río se apartaría de su curso... sus llamadas son el grito del sufrimiento del cariño de Dios. Cristo salvó al mundo, porque Dios nos amó hasta la renuncia total, y adquirió así el derecho de reclamarnos con toda justicia.

¡Todo esto, querida mamá, os parece muy difícil, y miráis  con pena los caminos unidos de la indiferencia a las cuestiones espirituales! Pero vosotros mismos sois espíritus, no debéis vagar en la materia... (la materia instrumento y vestido, el gran obstáculo que nos oculta a vuestros ojos). En el centro profundo de la Creación está el espíritu.

Son sobre todos nuestras madres las que comienzan a rasgar los pliegues ocultos de ese vestido de duelo... Nuestras madres son las pioneras... después todos los que nos aman las siguen. Con escepticismo al principio, aunque temblando de deseo, los padres... nuestros padres ¡escuchan y comprenden! Si hablo aquí de los padres, es porque la corriente psíquica reacciona con mayor facilidad entre el hijo y los que lo engendraron; pero no pongo una barrera que excluya a otros seres queridos... todas las almas pueden unirse así.

La vida espiritual es la que debéis buscar por encima de todo, porque ella sola contiene la realidad y la verdad que se refiere a las almas. Fuera todo es ilusión... quimera... puesto que lo único que queda de ella es un recuerdo, triste o alegre, borrado con rapidez.
Hay que educar y espiritualizar por tanto esa única entidad duradera, para sacar de ella como de una inmensa fuente pura, las emociones dignas de manifestarse, frente a las condiciones futuras que la esperan de forma inexorable.  Dios concede  el equilibrio necesario a vuestra vida normal, mientras sois terrenales; no deseéis por tanto los fenómenos de "bilocación": son morbosos. Sin embargo, caéis en el exceso contrario, cuando dejáis prevalecer en vosotros la parte material de vosotros mismos, hasta perder de vista, por completo o casi, vuestra espiritualidad.

Vuestras almas son como las conchas, que repiten las melodías del mar cuando las escucháis en silencio; ¡haced silencio! y el sonido de las voces del alma se prolongará hasta vuestros corazones. Quiero decir: de vuestro ser espiritual a vuestro ser psíquico. ¿Dudaréis entonces de la realidad de una vida ignorada, que es la vuestra, y que es la única que explica la divinidad de las almas?

Pierre.



-El texto va acompañado de algunos fotogramas de la película El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini-



lunes, 1 de junio de 2026

Cartas de Pierre- Dictadas después de morir (PARTE I )



Presentación, Por Jean Prieur

Las cartas de Pierre no proceden de la Tierra, fueron dictadas por un hijo que ya no pertenecía a este mundo, a su madre que continuaba en él. Pierre Monnier fue un oficial francés de 23 años que cayó el 8  de enero de 1915 en el frente de Argonne. Un hijo único cuya desaparición fue un drama. La medida del dolor de su madre fue proporcional al tesoro perdido, es decir, sin medida. 

La misión de Pierre consistió precisamente en anunciarle a ella, y a nosotros a través de ella, la resurrección inmediata, la realidad de la presencia de los desaparecidos que, muy lejos de dormir, continúan pensando, amando, actuando en los espacios espirituales.

El dolor terminó poco después de la muerte de Pierre, cuando la señora Monnier oyó con toda claridad la voz de su hijo, que la llamaba por tres veces. Ella preguntó conmovida:

-¿Eres tú, Pierre?

-¡Sí, soy yo, mamá! ¡No temas, estoy vivo!

Este fenómeno de oír su voz exteriormente no volvería a repetirse. "Sin embargo- cuenta su madre- continuamos una comunicación muy íntima. Yo le oía en cierta manera por intuición. Era como un pensamiento  que procedía del exterior y que brotaba en mi corazón. Este fenómeno aunque puede compararse al de mi propio pensar, era sin embargo muy distinto y yo tenía la certeza absoluta de que no eran míos tales pensamientos".

El 5 de agosto de 1918 Pierre ordena interiormente a su madre: ¡No pienses en nada! ¡Escribe! La señora Monnier mira en torno suyo, busca un lápiz y un pequeño cuaderno de notas y comienza a escribir:


 "Querida mamá:

Sí, he sido yo el que te ha pedido que escribas. Creo que así vamos a lograr comunicarnos con mucha mayor facilidad. Me alegra mucho poder hablarte  como en otros tiempos..." No me acuerdo de vosotros: os veo, os quiero, os escucho. Tampoco recuerdo mi habitación, vuelvo a esos lugares. Como ves querida mamá, la vida no se detiene, ni se interrumpe, ¡la vida sigue!"



Pierre Monnier


  ¡No temas a la muerte, querida mamá! Yo le tenía miedo pero cuando llegó me quedé dormido en sus brazos. Todo duró sólo unos instantes ¡sin tiempo para tener miedo, te lo aseguro! Luego un gran golpe en el pecho y en la cabeza, más tarde nada... ni siquiera la sensación de caer y de repente tu voz desesperada llamándome. Pobre mamá, allí estaba yo junto a ti y al lado de papá, tratando de consolarte ¡y sin lograr hacerte comprender que estaba a tu lado!

  Aquí tenemos mucho trabajo, te quedarías asombrada si pudieras comprobar la inmensa actividad de nuestra esfera; toda clase de actividad y en todos los campos. Dios nos ha encomendado misiones importantes entre vosotros. 

  Seguimos conservando nuestra personalidad. No hay que creer que llegamos, inmediatamente después de nuestro paso, a un estado de alegría completa. El pesar por nuestras imperfecciones no sólo continúa, sino incluso que es mucho más intenso que en la tierra; en cierto sentido hay que redimir... en ello trabajamos y Jesús nos ayuda. Si comprendierais esto durante vuestra vida terrenal, podríais evitaros muchas penas en nuestra esfera. Nada  se pierde, todo produce sus frutos. Vigilad por tanto vuestra siembra.

  Sí, a veces vemos a los apóstoles con Cristo. El que ama cumple la voluntad de Dios. El amor es la atmósfera que necesita el hombre que pretende acercarse a su Creador, Amor esencial. Eso es lo que vino Cristo a enseñar a los hombres, y para demostrarlo de una forma palpable, murió por amor y sobre una cruz. Era en cierto modo una "prueba", un "testimonio, una "garantía". Dios es amor, y los que aspiran a El tienen que amar con un amor que se parezca al de Dios.

  Dios omnipotente y Señor del Universo, podría obligar al hombre a obedecerle; pero no quiere esta obediencia de esclavo, sin ningún valor como respuesta a su amor. Dios creó al hombre libre.

  Toda la misión de Cristo fue una llamada al amor del hombre hacia su Creador, como respuesta al amor de Dios por su criatura. 

  La Tierra, como toda la creación evoluciona. La ley del progreso es esencialmente la ley de Dios, todo progresa, todo se purifica, todo se espiritualiza. Y como el fin de la evolución es el amor puro y completamente libre de egoísmo, todo progresa hacia la belleza y el amor espirituales.

  Las almas encarnadas están encerradas, ahogadas en la materia, y la unión fecunda es muy difícil de realizar.

  El Evangelio es el triunfo del amor del Creador, a pesar de la traición del hombre. Ahora más que nunca, nosotros, ante quienes se ha corrido una parte del velo, debemos repetiros el mensaje divino. Oh, ¿Qué hacéis actualmente con él sobre la tierra?

  ¡No temáis pues a la muerte! avanzad hacia la muerte... ¡hacia la vida! Para ello salid de vuestra envoltura de carne, que no es vuestra personalidad, sino un estorbo, y mientras esperáis el momento elegido por Dios para libraros de ese estorbo, buscad las cosas del espíritu, las únicas que son eternas, como os dijo Cristo.




  Dios es Amor, Cristo es Amor, el Consolador es Amor, las relaciones entre los hombres deben ser Amor, porque su meta es la realización del Amor. Esforzaos en amar, porque amar es vencer.

  Por supuesto que tu perrito tampoco murió en realidad, pues nada de cuanto está vivo muere , ya que la vida es un soplo del Creador.


  La Buena Nueva del amor redentor de Cristo fue predicada a todos los espíritus del "lugar de los muertos"... lo que significa a los diferentes planos en los que vamos evolucionando, después de nuestra salida de la carne; esta misión no terminará nunca.

  El hombre era tan material, que había olvidado la grandeza de su origen; no se acordaba de que era espíritu y por lo mismo inmortal. Cristo dio ejemplo de lo que debía ser el espíritu del hombre dentro del cuerpo mortal; luego mostró lo que sería el espíritu del hombre dentro del cuerpo nuevo, material, pero no animal. Por eso se apareció a sus discípulos porque comprendió que los ojos de los hombres están tan cerrados  a las cosas del espíritu, que debía hacerse visible a los ojos de su carne para convencerlos.

  El Paraíso es un estado del alma, no un lugar. El Paraíso no se logra nada más morir, sino cuando la evolución del alma es completa.

  Para un espíritu desencarnado el espacio no existe como tal. Nos basta pensar y desear un acercamiento a aquellos o aquello que queremos para que se produzca. Esta barrera para volver a verse es, justo lo que la Iglesia podría llamar un purgatorio: es la justicia de Dios, lo que separa en el más allá a los que se aman.

  Dios espíritu, Padre de los espíritus  no podría alegrarse con la sangre derramada, ni en los primeros tiempos en que la humanidad le ofrecía de este modo su homenaje, ni en los tiempos de su Palabra encarnada.

  ¡No! el sacrificio que nos salva es el triunfo del amor sobre el pecado y la muerte. ¡Todo el Evangelio es eso! Dios no perdonó a los hombres a causa de la cruz complaciéndose en el sufrimiento de un Justo por los pecadores, sino que la cruz fue la prueba del perdón de Dios aceptado por un Justo para revelar a los culpables el amor victorioso. Porque los hombres eran pecadores y rebeldes, Cristo quiso salvarlos dándoles la mayor prueba de amor que se ha conocido. Abría así sus ojos al conocimiento del amor, pero no fue por morir Cristo en la cruz por lo que Dios perdonó a los hombres pecadores. El amor y el perdón estaban en Dios antes de la venida mesiánica. 

 Sin embargo, si Dios no se hubiera mostrado al mundo por medio de Cristo, la humanidad habría seguido olvidando ese amor inagotable y habría vuelto a la nada.


"Esta luz resplandece en la oscuridad y la oscuridad no ha podido apagarla". Un rayo de Sol se cuela por la puerta abierta. Foto tomada el 28 abril de 2025,  día del apagón en Madrid, España. Parroquia Santa Beatriz.


  "Preguntas cómo explicamos aquí el papel expiatorio del hombre desde el punto de vista  del sufrimiento aceptado por la salvación de los demás. El sufrimiento no tiene en sí mismo ningún alcance moral si no hace brotar el altruismo. Todo sufrimiento debería servir para acercar a las almas a la gran meta esperada por Dios: el reino del Amor. Si comprendes lo que quiero decirte, aparecerá ante ti, en toda su grandeza, el sufrimiento humano que se une al de Cristo para salvar a las almas.
  Dios se deja conmover y enternecer por la abnegación cuando observa este amor semejante al suyo, Dios ama con un amor sin medida al alma ennoblecida por el amor por haber aceptado el sacrificio. Dice la Iglesia que los que mueren por una causa santa consiguen una morada especial... ¡es verdad!"

  "La sangre es el alma de la carne, el alma que quiere desarrollarse y vivir debe alimentarse de amor, el amor sólo es fecundo en la unión con Dios; esta unión sólo se manifiesta, si el amor del hombre responde al amor de Dios. Es una cuestión de capital importancia: el hijo debe amar a su padre que le ama, para no quebrantar la ley esencial de la psicología del alma"

  "Los animales que atravesaron la esfera terrestre tienen aquí una vida superior a la de su primera existencia. Se liberan de la esclavitud de la materia; es decir, se liberan igual que nosotros de la necesidad de comer y de engendrar. Consiguen poder relacionarse con nosotros, dado que los animales piensan y que la comunicación a través del pensamiento es el lenguaje de los espíritus liberados. Lo mismo que hacían en la tierra, rodean a nuestra sociedad con su afecto sencillo. Ellos también evolucionan y se dan cuenta de que el amor es la meta esencial a alcanzar. Debido a esta evolución, nosotros volvemos a encontrarlos en muchos planos sucesivos, pero nunca llegan a la categoría de las especies que participan en la esencia divina. Nos aportan como en una ofrenda su amor sencillo. A nosotros nos es imposible explicaros la razón de todo esto, al menos que recurramos a la ley fundamental que gobierna toda la creación: el amor. Siguen conservando su forma, lo mismo que nosotros, seguro que los reconoceréis.

  En realidad no nos separamos de vosotros, nuestra vida se desarrolla al lado de la vuestra y es posible comparar nuestras ocupaciones y los planos sobre los que tenemos que realizarlas con el puesto del trabajo de un obrero. Sólo hay una cosa que provoca la ruptura de la relación: el olvido.
El amor puro y fiel es de naturaleza divina; cuanto más amamos, más aportamos a ese organismo que tiene por centro a Dios-Perfecto-Amor. ¿Habéis sentido y comprendido alguna vez hasta qué punto esta corriente de amor une a los espíritus de uno y otro mundo?
Nosotros no somos caminantes a quienes la distancia aleja de vosotros, somos huéspedes de los hogares que nos aman. El espacio no significa nada para nosotros, por tanto ¡convenceos con absoluta certeza de que estamos a vuestro lado!



Dr. Takashi Pablo Nagai  y sus hijos

  La verdadera religión a los ojos de Dios es el Amor. El amor es el que domina el culto en espíritu; Dios es amor, el amor es Dios. La Creación que progresa hacia Dios, sólo llegará a El en el amor perfecto; es evidente, según esto, que todo lo que no contiene ninguna partícula de amor está fuera de Dios. 

  Dios que es Espíritu infunde en nosotros el soplo de ese Todo, único en su inmaterialidad, que constituye su forma y ese soplo es nuestra alma... o mejor dicho la vida de nuestra alma. La vida del alma o soplo de Dios sobrevive a las obras de la carne, Cristo es el amor de Dios encarnado. Jesús os había anunciado la victoria del espíritu sobre la materia; ante el olvido de esta conquista lograda por su amor, Dios permitió siempre los esfuerzos personales de los que dejaron la carne, para avisar y hacer comprender a las almas que se adormecen en la pereza moral de la vida carnal.


  El sacrificio es la base necesaria del amor, es la prueba del amor; no puede realizarse sin amor. Así cuando hayáis aprendido a amar hasta la renuncia, entraréis en el Reino del Amor, el Reino de Dios y sentiréis en el fondo de vosotros mismos que todo lo que es grande y puro en la vida es fruto del Amor: el Amor que Dios quiso para la Tierra dándose a sí mismo, ¡Dios es Amor! Amad, amad hijos de Dios, hasta en los pequeños detalles de vuestra existencia.


  El alma, venida de Dios- y no sólo creada por Dios, como el cuerpo- tiene unas posibilidades de elevación a las que el cuerpo no puede aspirar. El cuerpo, a través de sus impulsos instintivos, nos acerca a la vida inferior y primaria de lo temporal de la creación. El alma, incluso cuando está encarcelada en la carne, es un átomo salido del "Todo" Divino, llegaréis a entender que los sentimientos elevados del alma tienen como base el Amor... Ahora bien, el Amor es Dios.

  Es por el intercambio de amor como las almas permanecen unidas. Aquí nuestra tarea consiste en aprender a amar como Dios quiere que sepamos amar, ¡esta tarea es muy hermosa, muy dulce! yo solicité el privilegio de contároslo, querido amigos, de deciros que no echamos de menos la vida de la Tierra. Aquí donde he llegado todo es luz y belleza, estamos continuamente a vuestro lado







  Existe el problema del sufrimiento, un tema admirable y misterioso: el sufrimiento puede ser expiatorio... puede ser personalmente expiatorio por pecados cometidos y aceptado libremente por cada hombre; puede ser individualmente expiatorio y confundirse con el castigo; puede ser humanamente expiatorio: por los pecados de los hermanos, por los pecados de todos... en una palabra:  "propiciatorio".

  La primera de estas expiaciones tiene por fin la purificación de un alma, que tiene que pasar por el tamiz del sufrimiento, por el crisol donde perderá toda escoria. Vosotros conocéis esa clase de almas a las que la felicidad las hizo indolentes e inútiles, tibias y que después de haber pasado por las horas trágicas del sufrimiento aparentemente inmerecido, salieron de la prueba engrandecidas, santificadas, arrepentidas, ¡salvadas! La acción de Dios...la acción del amor es evidente.

  La segunda expiación propiciatoria es múltiple. Se le puede pedir a una sola alma, o a una sociedad o incluso a una nación. Es el sufrimiento expiatorio que más se parece al de Cristo. Esta alma o estas almas no cometieron pecados mayores que los de aquellos que los rodean, y sin embargo son elegidas, al parecer, para recibir el peso de la iniquidad de todos, para sufrir por ella, para triunfar de ella en el amor y en la abnegación. Dios se deja conmover por la voluntad del sacrificio de amor para atenuar las consecuencias del pecado, sacrificio que es en esencia una oración de intercesión. 

  No obstante, hay que decir que este sufrimiento expiatorio, para que sea eficaz, debe ser aceptado. Los que sufren en la rebelión o la inconsciencia por lo que se les pide, sufren en vano. Dios les "prueba" en el sentido literal de esta palabra, y es posible que esta prueba les muestre incapaces de la misión redentora; Dios sólo es su Juez.

  En resumen, pensad que el sufrimiento no es nunca inmerecido. Con frecuencia procede de la solidaridad humana o ha nacido del pecado. En todos los casos es permitido por Dios, que ve en él un medio para llevar al bien y a la salvación al alma extraviada de sus hijos.

  El sufrimiento, tormento de las almas está llamado a agitarlas hasta el fondo de sí mismas, para hacer subir a la superficie "la perla preciosa"  que se hundía en las arenas mortales de la indiferencia y del mal, convertidos en naturales e individuales. 

  Vosotros sufrís porque Dios os ama y quiere salvaros. Dios mismo sufrió en Cristo por amor hacia sus hijos olvidadizos, que corrían al abismo de la muerte eterna. ¡Bendecid al sufrimiento que ha salvado al mundo!



  El alma bajo esta envoltura, siente dificultades y tentaciones, pero también posibilidades  y ocasiones de victoria totalmente adaptadas a su condición carnal; es en cierto sentido el estudio, el ejercicio, por los que nuestro ser espiritual debe adquirir su graduación y sus "títulos universitarios". Cuando el alma ha superado positivamente esta prueba moral, Dios juzga si el alma que El ama debe pasar por otro período de actividad especial, o si puede ser admitida en un plano superior. 

  Cada una de las almas encarnadas está bajo la responsabilidad especial asignado por Dios para ayudarla. guiarla , iluminarla e impedirle que se aleje de Cristo, Camino y Vida.

  El Evangelio es el grito de victoria del amor: Jesús, humilde, pobre, abandonado, martirizado por amor os  enseña que nada, nada interesa sino el amor.

  La naturaleza orgánica de Dios (no puedo expresarme de otro modo por no conocer ningún término para decir lo que quiero) es el amor, su espíritu es amor. Y esta es la razón de su perdón frente a la degradación y la ingratitud del hombre. Dios nos ama y no puede renegar de sí mismo dejando de amaros, porque Él es por esencia Amor. Por eso si nuestra naturaleza se aparta del amor, se aísla de su principio viviente; en una palabra: muere... muere en su totalidad. Porque para esa parcela de amor (el hombre), engendrado por el Amor (Dios), es la pérdida del poder de cohesión.



Jesús y sus discípulos- Película El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini


  Aquí nos tenéis a todos, a todos, queridos hermanos hundidos en la noche: os traemos el amor sin tacha del Todopoderoso... ¡Qué gracia! hemos encontrado aquí la verdadera vida en el amor... ¡qué privilegio! y os recordamos que esta vida está a vuestro alcance en la tierra, porque Cristo, el Pan de amor, os ha dejado como prueba de la unión entre su vida terrena y su vida en el Cielo, el Pan de su carne, el Cáliz de su sangre... ¡qué favor!


 
  El mundo actual está invadido por las negaciones de amor; ellas invaden las almas, las vidas, los hábitos, las costumbres.
Nosotros mismos ignoramos el misterio del Ser de Dios, pero sabemos que Dios es el Amor, porque el Amor contiene el ambiente, la esencia, el perfume, la fuerza del Bien, y que lo que se llama el Bien, al igual de lo que se llama el Amor, es Dios.

  Dios nos entregó a su Hijo -su Verbo-  por amor; Cristo aceptó la vida de la carne por amor; toda su vida terrena fue la abnegación en el amor; su muerte, el sacrificio por amor; su resurrección, el consuelo anunciado al mundo por el amor, sus promesas son promesas de amor; sus mandamientos, reglas de amor; sus reproches, el castigo que debe llevar el arrepentimiento y la salvación... es también motivado por amor.

  Dios, por Cristo, lo soportó todo por los culpables, ¿no podríais vosotros tender la mano a otros culpables? ¡No! Ante tal amor, no hay excusa posible.

   Dios necesita de vosotros... misterio que revela el amor del Padre, porque el amor que ama no puede privarse del objeto de su amor. 

  Vosotros sólo podéis vernos con la mirada espiritual; sólo nos oís en vuestro subconsciente sensibilizado... pero sin embargo, nosotros os rodeamos, estamos a vuestro lado... queridos amigos, ¡creednos!


   El alma tiene un origen inmarcesible que reaparece siempre cuando se asocia a otra alma. Quiero decir con esto que, a pesar del vestido temporal del alma que vive en la carne, continúa siendo ella misma, recuerda, vibra ante la llamada de otras almas y prepara así los vínculos que se forman a veces entre el Cielo y la tierra: esta comunicación puede transformarse en comunión, si lo queréis....
   El peligro que puede darse para conocer esta ley del mundo del espíritu, está en la elección de las almas con las que os relacionáis así a través del velo. Pero los que son sinceros y rectos. que se sitúan bajo la protección de Cristo, "que distinguen los espíritus para saber si son de Dios" (I Jn 4,1) tal como os recomendó el apóstol, esos no se exponen a una situación más inquietante que el hombre que se relaciona con otro hombre en la tierra.
   Además, las preocupaciones puras y elevadas de un alma aterran - incluso puedo decir que aburren- a los espíritus superficiales y malos. Estos no "intentan" acercarse" a seres superiores a ellos, y a quienes rodean y protegen espíritus también superiores.


   El amor no puede morir. El amor es la inmortalidad y la inmortalidad es el Amor... es Dios. Sólo las pasiones totalmente carnales desaparecerán con la carne. Pero todo impulso espiritual el amor triunfa de la tumba.
   ¿Qué importa, mis queridos hermanos, si lloráis, si tenéis goces temporales?... todo lo que afecta a la carne, a la vida de la tierra, desaparece como el humo; sólo quedan las disposiciones con las que vuestras almas aceptaron las sonrisas y las lágrimas.

   Sólo disponéis de un instante, de un instante muy corto para decidiros, para elegir... qué importa si los preparativos de ese viaje son laboriosos, alegres o penosos, camináis hacia el Cielo, hacia nosotros todos, hacia el Perfecto-Amor, hacia Dios... ¡Venid!





Película El Evangelio según San Mateo- Pasolini





   En la tierra, mi querida mamá, tú sabes bien que la mayoría rechazan o ignoran esta unión mística que debería ser, no obstante, la situación normal entre los que se aman; la muerte sólo puede separarlos en "apariencia": quiero decir, por los obstáculos materiales y groseros que oponen una barrera, la mayoría de las veces, infranqueable, a las miradas de los ojos que mueren. Pero otros, sí cierran estos órganos torpes y hunden en el infinito las miradas inmortales de las almas Estos sí ven y escuchan con un oído distinto del que utilizan en la vida de la carne.
   Ese nosotros que vive en el cuerpo, deja la materia que lo envuelve y vuela hacia las regiones etéreas donde, como espíritu que es recobra la libertad del espíritu. Pero lo mismo que su personalidad espiritual moraba en la carne sin combinar sus elementos, así esta personalidad no se disuelve en el éter: sobrevive intacta, consciente. Sus nuevas condiciones de vida le permiten "visitar" a los espíritus que palpitan en medio de los obstáculos del cuerpo enfermo donde están retenidos.

   Querida mamá, todas las presencias espirituales son accesibles a los espíritus durante su prueba terrenal: incluso la de Jesús, rayo de belleza cuya espiritualidad divina se ofrece a vuestra alma, Esa emanación viva, fecunda, activa es el Espíritu Santo, salido de Dios, su "Cristo espiritual". Todas estas gracias están a vuestra disposición; sólo tenéis que abrir vuestras almas para recibirlas.
   Este maestro que así nos ama es el que nos envía, queridos míos, a tranquilizaros infundiéndoos la confianza que necesitan vuestros corazones. Queridos míos, ¡la muerte no es nada! la verdadera vida comienza de este lado del velo...


   ¡No lloréis por nosotros! vivimos una vida muy superior a la de la tierra... Lo único que nos hace sufrir en nuestro cariño, es vuestra incapacidad para comprender lo efímero de la existencia de la carne. Pensad por tanto  que cuanto más se descargan vuestros espíritus de las preocupaciones materiales, más se acercan a los nuestros. Sois vosotros los que debéis venir hacia nosotros, y no volver nosotros hacia vosotros. Nosotros lo hacemos, no obstante porque, al ver vuestra parálisis psíquica, nos acercamos a vosotros con el permiso y el consejo del Maestro que nos ama.

   "No trajisteis nada al mundo, y es evidente que nada podréis llevaros de él" (I Tim 6,7). Entonces, por qué esa pérdida irrazonable e irracional de vuestras fuerzas más sanas y más bellas, para obtener ventajas de tipo temporal, cualesquiera que sean.

   El cuerpo es el receptáculo  de todas las emociones afectivas; pero las que tienen un origen puramente sensual, deben desaparecer con la muerte (o al menos, modificarse hasta transformarse en pura ternura), mientras que los afectos cuya base es una emoción espiritual, psíquica, son en toda la obra de Dios lo que hay de más duradero: lo infinito, lo inmortal. 

   Nosotros nacemos aquí con nuestras riquezas espirituales conseguidas en las luchas de la vida en la tierra. En comparación con la vida terrenal, la muerte lleva consigo una situación superior de posibilidades espirituales y de comprensión, que nos permiten dirigirnos pronto hacia nuevos horizontes.


   Querida mamá, esa separación sois vosotros los que la creáis. Desgraciadamente, continuáis intentando establecer con nosotros un vínculo físico; quiero decir, material: la vista, el tacto, el oído... ¡claro que eso es posible! sin embargo, aprended a serviros de vuestros sentidos espirituales, y no de los que vuelven a sumirse en la materia. Nosotros hablamos en vuestra conciencia para hacernos oír: tocamos el centro psíquico de vuestros sentidos, para daros la prueba de nuestra presencia.

   Aprended a comunicaros mentalmente (esto basta) con los espíritus que os rodean. Y lo mismo que hacéis en la tierra, elegid a vuestros amigos.
   Queridísimos amigos, dejad que se abra ese alma noble y pura que saque de Dios la sabia alimenticia de la que vive y entraréis en comunión cono nosotros a través del centro espiritual de vuestro ser.

   Nosotros sabemos que el progreso espiritual es la única razón de la vida. Podéis por tanto, mediante las obras, mejorar vuestras ideas altruistas. Obrar por obrar no vale nada, incluso cuando se obra bien. Se da por tanto un atasco en el mismo lugar, cuando vuestra vida se llena de deberes únicamente terrestres.

   Durante vuestra vida terrestre, ejercitaos en el trabajo misionero, porque aquí, gran parte del servicio de Dios es una misión constante... la misión en el amor esencial: el amor hacia nuestro Dios, el amor hacia nuestros hermanos. Este amor desborda nuestras almas que están llenas de él; y con este amor sin sombra y sin igual se amasa nuestra felicidad. Dios quiere la Felicidad para sus hijos... buscadla en el amor.

   ¿Qué esperas tú, alma insatisfecha y alterada? Esperas a Dios, la unidad con Dios, la unidad con su Amor: Cristo, la vida del cielo, que será justamente esa unidad y el fin de la espera.
   Vosotros sabéis también, pobres hermanos a quienes la vida terrestre deja insatisfechos e infelices, que esa sed de vuestra alma es en realidad una sed de amor invariable, sin fin... esperáis este amor, puesto que lo pedís (en vano la mayoría de las veces) a los que os rodean, y ellos os aportan una apariencia del mismo. Esperáis este amor, porque sabéis que eso será la felicidad; lo esperáis con la seguridad de conocerlo al final... ¿dónde?... en Cristo.
¡Dios es amor, Cristo es amor, el Espíritu es amor! es pues sólo en el amor donde encontraréis a Dios.


   La Cruz es el punto supremo del amor, y el amor, por haber llegado hasta la Cruz, fue la perfección de sí mismo. Un amor así sólo podía ser practicado por Cristo, sin pecado y todo amor, porque Él no era otra cosa que la manifestación del Amor intrínseco de Dios... lo que constituye el ser de Dios. El amor de Dios perdona, porque Dios al ser amor no puede dejar de ser misericordioso. Si el pecador endurecido llega a la "segunda muerte", no es porque Dios ha dejado de amarlo, sino porque él ha dejado de amar a Dios. Como la vida eterna es en sí misma inseparable del amor, el alma que vive sin amar se extingue y muere.

   Dios no os pide la extirpación de vuestro ego, sino la extirpación de todo lo que es malo en ese ego: las pasiones infernales... ¡legión!... ¡envidia, mentira, egoísmo! nacidos todos de ese egoísmo, del predominio del "yo" sobre el amor altruista. Esto es lo que hay que destruir pacientemente: es la batalla diaria.

  La soledad moral que fomenta según vosotros el abatimiento de vuestra alma, sólo es aparente: ¡innumerables ojos os miran, dolorosos  y suplicantes! miradas de pureza inmaculada del "Varón de Dolores" que murió para arrancarnos del mal; mirada de ángeles, miradas de los que os aman más allá de la tumba.. todas esas miradas os siguen y os imploran.

   Este recuerdo de nuestras victorias, de nuestras derrotas y de nuestras batallas ásperas y crueles, las revivimos aquí con un realismo inesperado. No sólo vemos los pecados cometidos, sino todas las consecuencias lejanas de esos pecados: el contagio del mal que, como ondas cada vez más amplias, actúa sobre el universo... no ya sólo sobre unas almas, sino sobre todas las almas. Cristo nos recordó esta solidaridad humana que llega hasta Él: " En la medida en que no hicisteis el bien a uno de estos pequeños, es a mí a quien rechazasteis hacerlo" (Mt 25,45).


   ¡Ánimo, amigos míos! no estáis solos en la lucha, ¡y cada una de las victorias os lleva a otras victorias!"

Vuestro Pierre


Nota: La primera edición de las Cartas de Pierre se publicó en Francia en el año 1923. Se publicó un primer volumen masivo de 926 páginas bajo el título Lettres de Pierre a través de la editorial Bussièr.



   

domingo, 9 de mayo de 2021

Las sonatas de piano de Schubert, por Alfred Brendel.



Qué experiencia tan grata ha sido conocer a través de sus numerosas grabaciones, a este músico llamado Alfred Brendel. No sólo por sus impecables interpretaciones al piano, sino además por su profundidad al abarcar magistralmente no sólo la parte técnica  de una obra, sino también su contenido íntimo y profundo. A veces tan íntimo, que suele pasar desapercibido. 

Hace unos meses conocí el libro del cual he hecho un pequeño extracto a propósito de las sonatas de piano de Franz Schubert. El libro, además, trata de aspectos poco conocidos de las obras de Mozart, Beethoven, Liszt o Schumann, pero es en las sonatas para piano de Schubert el ensayo más extenso y analizado del libro.


Conocer la opinión de Brendel abre nuevas perspectivas , no sólo al intérprete sino también -como es mi caso y el de muchos-, a los oyentes. Comprender la obra es comprender al artista que la creó, su expresión, sus anhelos y sentimientos. Y pocos mejor que Brendel conocían ese aspecto tan íntimo de lo que interpretaba, y lo expresaba  a través del piano logrando esa magia y comunión que la música provoca cuando es interpretada con respeto y sentimiento. 


A continuación algunos extractos de este magnífico libro sobre ensayos de Alfred Brendel:

"Ha tenido que pasar mucho tiempo para que se estableciera finalmente la idea de Schubert como un gran compositor para el piano y maestro prominente de la sonata. A ello han contribuido sobre todo Artur Schnabel y Eduard Erdmann en su papel de intérpretes y maestros influyentes. En su generación siempre fueron siempre una excepción y tuvieron que ver a menudo cómo otros movían la cabeza con un gesto de desaprobación. Incluso hoy día encontramos en algún que otro músico de edad avanzada un alto grado de desconocimiento, duda y menosprecio cuando se habla de las sonatas de Schubert. 

Con excepción de sus composiciones para piano a cuatro manos, en vida del compositor sólo se imprimieron unas pocas obras instrumentales: sólo tres de sus sonatas (op. 42, 53 y 78), la Fantasía Wanderer, Los Moments musicaux y los dos primeros impromptus del opus 90.  El resto de los impromptus  no fue a la imprenta hasta diez años después de la muerte del compositor.

La música instrumental de Schubert se puede dividir en dos períodos. El primero alcanza hasta 1819 y comprende seis sinfonías  y quince sonatas, once de las cuales quedaron inconclusas. Sigue una cesura de tres años durante los cuales, además de su producción constante de lieder, se dedica principalmente y sin éxito a la música escénica. Schubert comienza a adoptar ya el estilo de su período "maduro" que empieza propiamente en otoño de 1822 y acaba con la muerte del compositor. 

Casi todas las obras del período tardío demuestran un alto grado de maestría que nunca llegaron a alcanzar las obras anteriores, aunque en ellas se encuentren obras magníficas como las primeras sinfonías.

La Inacabada y la Fantasía Wanderer, compuesta ambas en el otoño de 1822, dan una imagen completamente nueva. No puede haber sido casualidad  que la sífilis de Schubert, según parece, comenzara a manifestarse justo en ese tiempo. Sería imaginable, que bajo la impresión de la enfermedad, Schubert reuniese sus energías en el repentino esfuerzo desesperado de quien toma conciencia por primera vez de la brevedad de la vida que le queda por delante.


La admiración de Schubert por Beethoven rozaba la idolatría. En su lecho de muerte, le pidió a sus amigos  que le tocaran el Cuarteto de cuerda en do# menor, op. 131 de Beethoven., publicado un año antes, pero que todavía no se había estrenado. Quizá fue la última gran alegría de Schubert poder escuchar esta obra. Más tarde, en pleno delirio, parece que dijo : "Sacadme de aquí, bajo la tierra. Aquí no está Beethoven". Lo admiraba demasiado para atreverse a desafiarlo con sus propias armas. Además, Schubert debió de notar la diferencia de naturaleza musical entre ambos. En comparación con Beethoven, el arquitecto, Schubert componía como un sonámbulo. Las sonatas de Beethoven no nos hacen perder nunca la orientación, se justifican por sí mismas en cada momento. Las sonatas de Schubert acontecen de una forma enigmática. Ingenuidad  y refinamiento están hermanados en esta música como sólo lo están en la de Haydn. No hay que confundir ingenuidad con sencillez. La música de Schubert puede ser cualquier cosa menos sencilla.

Beethoven expone su música en el marco intelectual más firme para que el carácter de las emociones se desprenda de él con mayor contundencia. Schubert pone mucha más confianza en la franqueza de sus emociones; la carga de la forma ha de pesar lo menos posible. La fascinación que provoca lo episódico es más fuerte que el imperativo de la coherencia.

Se dice que la música de Schubert es agradable, complaciente, sentimental y de bondad íntegra, una concepción que proviene de una época en la que se abusaba de sus melodías en operetas. Schubert, puede ser todo eso, sin duda, aunque yo no veo sentimentalidad salvo en raras ocasiones. La diversidad de caracteres mucho más esenciales que tiene a disposición es inmensa. Como todos los compositores verdaderamente grandes, Schubert no se deja encasillar en solo un carácter. Schnabel  señalaba que mucho más que un simple melodista, Schubert era un creador de sonatas de alto dramatismo. Basta ver el uso que hace de los signos dinámicos  para entender el alcance  de su fuerza expresiva, que no refleja en absoluto al lírico blando. No sólo en las obras para piano, con sus ppp y sus fff, sobrepasa los límites dinámicos habituales, hay también canciones como Der Doppelgänger que demuestran la necesidad que tenía Schubert de alcanzar extremos, desde el susurro hasta el grito.

Probablemente Schubert no era un pianista muy brillante. Aun así, su instinto para las posibilidades virtuosas del instrumento era extraordinaria, aunque en sus sonatas prácticamente nunca persigue el lucimiento instrumental por sí mismo. 

En la Fantasía Wanderer el piano se transforma de una manera tan consecuente en una orquesta como no se había visto hasta entonces. No sólo se sugieren los timbres individuales de los instrumentos de la orquesta, sino también la violencia del tutti. La Fantasía Wanderer tuvo una influencia perdurable en Liszt no sólo en su nueva estética sonora y en sus exigencias a la resistencia del intérprete , sino también en su estructura monotemática. Las sonatas de los años 1823 a 1826 continúan ese estilo pianístico orquestal caracterizado, entre otras cosas, por el uso de trémolos, octavas rápidas y repeticiones vibrantes de notas.


En las sonatas de Schubert escuchamos al cantante de lied (Sonata en la mayor, D 959, finale), al narrador ( Sonata en la menor, op. 42, comienzo) o incluso combinaciones curiosas como un coro masculino recitando (Sonata en re mayor, comienzo del segundo movimiento).


Las últimas sonatas


Las tres últimas sonatas del compositor se escribieron, por lo que sabemos, entre mayo y septiembre de 1828. Schubert las pasó a limpio pocas semanas antes de declarársele la enfermedad que acabó con él en noviembre. Quizá ese tifus abdominal no hizo más que dar el último empuje mortal; en cualquier caso, por la sífilis que padecía y también por una productividad febril durante ese año, el organismo debilitado de Schubert, no lo aguantó. De todos modos, su muerte no parece presentida o llevada conscientemente. Tampoco las tres últimas sonatas se pueden entender como un mensaje de despedida.

El estilo del año 1828 no es un "estilo tardío" tal como yo entiendo el del último Mozart. En los dos primeros movimientos de la Sonata en sib mayor de Schubert y en el adagio de su Sonata en do menor se puede constatar un cierto toque nuevo de himno tranquilo y de solemnidad. Este aire nuevo parece menos sorprendente si pensamos en la Misa en mib mayor del mismo tiempo, una obra capital demasiado poco conocida que influyó en las composiciones instrumentales de ese período. Las armonías plagales - en los finales del "Gloria" y del "Et incarnatus"- no sólo se infiltraron en algunos finales de movimientos en las sonatas, sino que también determinan el tema inicial de la Sonata en la mayor, que en su primer esbozo aparece sin los saltos enérgicos de la mano izquierda, como un fragmento coral.

De hecho, hay bastantes temas de las últimas sonatas que se basan en encadenamientos plagales.

También el comienzo de la Sonata en sib mayor está dentro de esa esfera "sacra". Esto se pone en evidencia si se compara con el tardío Concierto para piano, KV 595 de Mozart, igualmente en sib mayor: donde Mozart conduce a una segunda infancia , oigo en Schubert un ensimismamiento ceremonioso. Por otra parte, ambas obras se tienden la mano en la tranquilidad de su actitud reposada, en su cantabilidad y la melancolía que las envuelve.




La sección central del andantino de la Sonata en lab mayor, todavía hoy ese grito irracional forma parte de lo más atrevido y aterrador que la música haya producido jamás.

En sus formas grandes, Schubert es un viajero . Los abismos le atraen, y los atraviesa con la seguridad de un sonámbulo. El viajar es el estado romántico por excelencia al que el sujeto se abandona encantado y feliz (como en la Sonata en la mayor), o bien es empujado y (como en la Sonata en do menor) sufre el pánico ante lo irremediable. En la felicidad habita a menudo la desesperación, la conciencia se oscurece repentinamente. En Schubert no hay nada más típico que esa experiencia febril del horror, en cuyo ejemplo más extremado, el segundo movimiento de la Sonata en la mayor, ni siquiera simula una "floración del orden". 

Aunque el orden sólo sea la floración a través de la cual resplandece el caos del sentimiento, desempeña un papel decisivo, pues sólo él permite la obra de arte.


Sonata do menor  D. 958 




I Allegro A la vez heroico y atemorizado, nervioso y decidido. Fragmentos en modo mayor (segundo tema)  entre paréntesis: mirada hacia la felicidad inalcanzable. Coda de desesperación.

II Adagio  (Lab mayor) Sin sensualidad ni patetismo, delicado y ceremonioso. En un entorno febril.

III Minueto Allegro Antiminueto, basado en el miedo. Trío de los suburbios vieneses como refugio.

IV Allegro a) Danza del chamán o

                   b) Galope mortal con cancerbero ladrando y episodio Erlköning.


Sonata La mayor D.959




I Allegro Caleidoscopio de ideas y sensaciones, por ejemplo: 1. Credo, ma con fuoco; 2. Capriccioso con grazia; 3. Dolcissimo inocente; 4. Delirando. Apariencia de improvisación . En el desarrollo , éxtasis paradisíaco y gran arco lírico dramático. Coda de misterio.

II Andantino (fa#menor) Gracia desconsolada en la que se esconde la locura, de la cual surge y a la cual vuelve temblorosa. Extinción absoluta.

III Scherzo: Allegro vivace Con acento eufórico y trompas dolce en el trío (o coro masculino)

IV Rondó: Allegretto  El gran sueño de la felicidad con desarrollo tempestuoso y coda fragmentada varias veces: primero entrecortada, luego precipitada y finalmente a modo de resumen.


Sonata Sib mayor D.960





I Molto moderato De carácter general contenido, sin efusiones, suavemente hímnico. Grandes líneas que hacia el final de la exposición y en la reexposición se disuelven: termina en dulzura. Coda de humildad.

II Andante sostenuto (do#menor) Clarividente y melancólico, con sección central laudatoria.

III Scherzo: Allegro vivace con delicatezza Revoltoso y suspendido. En el trío, además, tozudo y embriagado. 

IV Allegro ma non troppo "¿ Fatiga y resignación?" No: resolución graciosa, vigor travieso. Guiño irónico; gran flujo cantable; obstinada combatividad. Superación de la fijación al do menor con nuevo impulso: momento de gran abandono. Gesto de marcada alegría al final.



La mayoría de las imágenes que conocemos de Schubert , es mi impresión, muestran un rostro idealizado e inofensivo. De otra manera se nos presenta en el retrato sin gafas de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena (1826), y sobre todo, en la máscara en vida que por lo visto a sus amigos les pareció poco favorecedora. Por fin, en los últimos años, se ha prestado atención a esta máscara gracias a los esfuerzos de Eva Badura-Skoda. Aquí no vemos un rostro Biedermeier, sino rasgos de una energía sobresaliente, vigorosos, sensuales y rudos, más próximos a la fisonomía de Beethoven  que a la de Grillparzer o Nestroy. 

También musicalmente, la imagen de un Schubert idealizado, armónicamente liso, ha dominado durante mucho tiempo la imaginación de los músicos y de los oyentes. Todavía hoy no son pocos los que ven una fuente de melancolía, blandura y complacencia. La "conocida timidez y comodidad" que Schindler adjudica a la persona de Schubert se traslada sin titubear al músico. (En cambio, a juzgar por los testimonios de sus amigos, no parece que Schubert fuera siempre tan tímido; y lo que hay de cómodo en una persona que en una vida tan breve ha escrito cerca de mil obras tendrán que explicármelo). 

"Una melancolía afable atraviesa la música de Schubert", leemos en Godel. El entusiasmo de la Gran sinfonía en do mayor, la vitalidad de muchos scherzos, el furor de algunos movimientos finales, la desesperación del Winterreise, el temor del Doppelgänger..., esto y muchas otras cosas más están tan lejos de la dulzura como el último Goya de los pintores vieneses amigos de Schubert.

No cabe duda de que Schubert, el compositor más conmovedor de todos,  nos da también, junto al horror de sus danzas de la muerte, la sensación de seguridad ante la muerte, la ternura, la atracción, el canto de sirenas y la armonía esférica de la muerte. Tras el fallecimiento de su madre, la muerte y la madre se vuelven prácticamente idénticos; el lazo maternal se convierte en adhesión a la muerte. La palabra "dulzura" tampoco es aquí la más apropiada.
Las indicaciones interpretativas schubertianas, mucho más que las de Beethoven, exigen el máximo del intérprete. Algo parecido se puede decir de la audacia armónica de Schubert , quien también en las últimas sonatas enlaza tonalidades relacionadas cromáticamente.

El estilo pianístico de Schubert no es en absoluto el de Beethoven. En su concepción sonora es fundamentalmente diferente, y con sus octavas rápidas, trémolos y repeticiones de notas tiende un puente hacia Liszt. En las últimas sonatas se advierten influencias de la sonoridad del cuarteto o del quinteto de cuerda y de la música coral religiosa.

De las últimas sonatas de Schubert, la Sonata en sib mayor se podría decir que es la más bella y conmovedora, la más resignada y equilibrada. También es la que mejor se corresponde con la idea del Schubert dulce y melancólico.

Los dos primeros movimientos son un canto de cisne. Las despedidas no se componen  necesariamente con un pie en la tumba. A Beethoven le encantaban las despedidas: no sólo la sonata Lebewohl (Los adioses), sino también el andante favori, por ejemplo, y más tarde el adagio del op.111 o el minueto final de las variaciones Diabelli rebosan de "Lebewohl", tanto en la sonoridad como en el carácter.



En la Sonata en sib mayor todo parece psicológicamente controlado. Tampoco el segundo tema en fa# menor surge sin preparación motívica o armónica, y a los episodios agresivos del finale les precede en cada caso la paz que lleva implícita la posible tormenta.

Si la Sonata en sib mayor es la más bella, la Sonata en La mayor es la más sorprendente e interesante. Presenta el mundo más claro con la ayuda del contramundo más oscuro. Entre movimientos cuyo color anímico básico es una mezcla de confianza e impulso aventurero, ternura y misterio, gracia y devoción, tranquilidad y agitación cromática, se halla el andantino con su profundo desgarramiento emocional. El primer movimiento oscila audaz entre la improvisación y la construcción, opera con pesos cambiantes, varía constantemente su tempo narrativo y revela su forma global sólo en retrospectiva.

Arthur Schnabel fue el primero en hacer justicia debidamente a esta sonata. Todavía hoy, su grabación de 1937 transmite algo del frescor de un gran descubrimiento.



Quien guste bañarse en belleza reconfortante, encontrará poco agrado en la Sonata en do menor, pues esta sonata se nos echa encima con pasión sombría y helada. De todas las sonatas schubertianas, esta es probablemente la menos sensual, la más inhóspita, y detrás de su fachada clasicista, la más neurótica. En el año de la muerte de Beethoven (cuyo ataúd ayudó a llevar), Schubert aborda abiertamente la música de Beethoven y el clasicismo, pero no en el sentido de una devota sucesión.

Al margen de toda admiración, Schubert aprendió sobre todo de Beethoven a diferenciarse de él. 

Arnold Schönberg en el borrador de un texto para la conmemoración del centenario de la muerte de Schubert escribía: "Me parece que hasta ahora no se ha prestado atención a la originalidad increíble de Schubert en cada detalle al lado de una aparición aplastante como Beethoven. No es de extrañar que todavía hoy, cuando la osadía ya casi no estorba, no se le haya reconocido por completo. Pero téngase en cuenta: ¡Qué dignidad! ¡Estando tan próximo a ese genio abrumador no siente la necesidad de negar su grandeza para poder existir de alguna manera! ¡Qué confianza en sí mismo! ¡Qué sentimiento aristocrático tan auténtico de quien desde la grandeza respeta a su igual!"


Schubert se remite a Beethoven, reacciona ante él, pero apenas lo sigue. 

Las últimas sonatas de Schubert constituyen una unidad. A una tesis de aturdimiento y energía negativa (do menor) sigue una antítesis de actividad luminosa, girada hacia lo positivo (la mayor), para desembocar en una síntesis de contención resignada (sib mayor). El finale de la Sonata en sib mayor muestra una alegría que ya no se expresa con inocencia como la del Quinteto La trucha ni tampoco a regañadientes como en el último movimiento del Quinteto de cuerda. Su sitio se halla en algún lugar entre el humor de Jean Paul y el dicho vienés: "La situación es desesperada, pero no seria". Debería alegrarnos que Schubert, incluso en el último tiempo que le quedó por vivir , fuera capaz a veces de tomarse las cosas fácilmente. Aun así, nada nos va a reconciliar con el cinismo de un destino que acabó con su vida a la edad de treinta y un años".