viernes, 10 de julio de 2026

Cartas de Pierre- Dictadas después de morir (PARTE II)

 Los pecados más graves son los pecados contra el Amor; el Amor es Dios: siempre que el hombre falta al amor, hiere el Ser mismo de Dios. La existencia terrenal es la escuela del Amor, en ella debemos aprender la práctica perfecta del amor en la solidaridad. El mal reina en la tierra, porque el hombre, fallando a su vocación, indiferente hacia todo lo que no es su propia persona, vive en un feroz y cruel egoísmo. Es esclavo de su ego y se adora a sí mismo. 


Andrei Tarkovsky (colección de polaroids)



Pobre mamá veo tu pena ante la muerte del perrito... sin embargo, tampoco ellos esos pequeños "hermanos inferiores" mueren para la nada, sino para una vida más hermosa y superior a su condición terrestre. ¿Cómo no se va a interesar Dios por esos pequeños seres, que su Voluntad creadora ha puesto al lado de los hombres? Esos humildes amigos tan fieles no permanecen tampoco en la tumba, y aunque no llegan nunca a las altas esferas espirituales, disfrutan sin embargo de un "paraíso" hecho a su medida, el hecho nuevo de poder comunicar sus pensamientos y recibir los de las almas humanas , supone para ellos una incomparable felicidad. Así el simpático perrito a cuya separación del cuerpo achacoso asistí a tu lado, está ya muy contento a mi lado... si se me permite tal eufemismo. 

El amor es la meta de toda la creación en todas sus manifestaciones: es lo que más pesa en la balanza de la prueba; pues bien, es difícil encontrar unos amigos más sacrificados que los compañeros de los hogares humanos: ellos no conocen el egoísmo espiritual- quiero decir que el afecto que dan a sus amos no tiene límites ni restricciones-. Ved en ello la prueba de una evolución, superior a lo que vosotros pensáis, y al mismo tiempo, la certeza de que hay en ellos un alma sencilla que sobrevive a la muerte, ya que el amor, el amor verdadero, es "más fuerte que la muerte", por tanto inmortal. Las demás criaturas han recibido también el soplo de vida de Dios y le son queridas.


Andrei Tarkovsky (colección de polaroids)


El buen perrito que vino a mi lado, no había perdido nunca realmente el contacto conmigo, puesto que me veía con mucha frecuencia; en efecto, sus sentidos psíquicos están muy desarrollados. Todo lo que te digo aquí, querida mamá, te hará comprender que Dios no permite nunca la desaparición completa de la chispa de amor: un alma, evolucionada o no, que mantiene oculta la esencialidad inmortal, el Amor, no morirá. Todo lo que es amor, permanece; es una partícula del mismo Dios, ya que el Amor es Dios.

Los animales que han compartido la existencia de los hombres, en una corriente de fidelidad y amor, tienen también derecho a acercarse a aquello que fue el cariño profundo de sus almas elementales. Como te he dicho, el perrito que tanto te quiso evoluciona alegremente siguiendo tus huellas. Ha vuelto a encontrar aquí a todos sus semejantes, que vivieron a vuestro lado llenos de afecto servicial y perfecto; es completamente natural que estén juntos, puesto que tú eres el centro de atracción para su pensamiento. Su felicidad nos parece relativa, pero responde suficientemente a sus deseos psíquicos.



Nuestro mensaje se os transmite desde unas esferas, superiores por la espiritualización, pero es a vuestro lado donde se apiñan todos vuestros seres queridos, tratando de arrastraros hacia esa vida despojada de las torpezas inherentes a la materialidad: la codicia en todas sus formas, codicia de la carne, de los ojos, de los bienes del otro, incluso de la superioridad temporal o moral de los que os rodean... en una palabra, de todo lo que os parece tener un predominio cualquiera sobre vuestro ego ladrón y cruel.


Querida mamá, en este trabajo doloroso, que hace derramar sudor de sangre en vuestros corazones, hay ángeles que os asisten para daros fuerza. Esos ángeles no son exclusivamente los seres sagrados servidores en el santuario de Dios, sino también los espíritus que son semejantes a ellos: ¡todos nosotros! Dios nos envía, y nosotros os recordamos que Cristo prometió "no dejaros solos" (Jn 14, 18). Nuestra obra no es personal, es la obra de Dios. Sin embargo, en su amor Dios envía a cada uno de sus servidores a aquellos que le son queridos especialmente en la tierra. Cristo conoce  nuestro cariño triunfador de la muerte... y es Él, Jesús, el Perfecto-Amor, el que me envía a vosotros  para deciros: "¡Animaos!"


Vivir la vida del alma es ya vivir en el Cielo, "en el reino de Dios", proclamaba aquel que repetía las palabras de su Padre... "El Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21).


Antes de reconstruir el unísono de perfección esencial, y para realizar el querer ideológico de Dios, es indispensable llevar cada alma a la perfección inmanente. Ya ves cuál es la tarea de la humanidad, tanto en vuestro mundo como en el nuestro: para esto, hacen falta esfuerzos constantes que superarían nuestras fuerzas espirituales, si Cristo (al Amor por excelencia, puesto que es el Amor de Dios) no hubiera descendido entre los hombres para servirles de Luz, de Camino, y para enseñarles la Vida única, mostrándoles la única Verdad. El alma encontrará la posibilidad de mostrarse más fuerte que ella misma, exclusivamente, únicamente en el amor, en el mayor amor... la renuncia. Esta es la obra de muchas esferas evolutivas, pero para apresurar su perfeccionamiento glorioso, debéis comenzarla en la tierra.

El alma posee en sí misma un centro del ser, único que constituye su personalidad definida, y que todo lo que sucede en torno a ese germen, semilla de Dios, son sólo condiciones accesorias, aunque necesarias, para lograr la ascensión de la individualidad inmortal hacia Dios. Porque ello es así, comprended definitivamente que el hecho de dejar la forma terrestre de uno mismo ya no es nada, y que la muerte es una necesidad de depuración que no altera la personalidad de las almas. Lo que hace a la muerte tan trágica y dolorosa, es la imperfección de los sentidos, que opone un obstáculo únicamente material, pero con el que queda velada para las almas en la carne la espiritualidad constitutiva de los desencarnados. 

Dios, lo repito... no me cansaré de repetirlo, no desea mantener bajo ese velo agobiante y cegador a los que lloran... a los que esperan en Su misericordia infinita. ¿No os anunció Cristo la vida eterna? ¿no os enseñó  a través de la vista?... con la visión de su cuerpo saliendo glorioso de la tumba.


El alma es inmortal, si se mantiene en lo que Dios quiso que fuera, cuando Él se desprendió de una de sus parcelas constitutivas, en favor de cada una de las almas que deben engendrar sus criaturas, humanas u otras. El centro del alma es Dios en vosotros, por tanto la Perfección definitiva y que siempre ha sido: éste es el don de Dios.


Existen entre nosotros los jóvenes soldados y los reclutas que acaban de llegar a las esferas inmateriales, y sus jefes, y los ángeles... y los arcángeles, y Cristo, Paridad de Dios por esencia y por nacimiento. Todo lo que os sugieren las visiones reveladoras de las Escrituras, en lo que se refiere al ejército celeste, es la realidad, la verdad; su jerarquía es el gobierno del Rey de Reyes. Es una organización maravillosa, querida mamá, donde se toman todas las decisiones con un pensamiento de amor infinito, y se ejecutan de la misma manera.

La solidaridad humana no está dividida en dos; la humanidad espiritualizada es solidaria de la humanidad terrestre. El amor triunfa de las tumbas, y el mayor amor es renunciar a uno mismo para pensar sólo en los otros. ¡Por eso no podríamos vivir nuestra vida tan hermosa, olvidando vuestra existencia de incertidumbre y de pecado! Obedecemos con alegría las órdenes del Perfecto-Amor, y vamos hacia vosotros, como "gran nube" de almas liberadas, para sosteneros mostrándoos el Cielo abierto por Cristo. 

Nosotros no hemos perdido la apariencia humana, pero dejamos en la tierra las enfermedades de nuestra carne. Queridos míos, estáis rodeados por lo Invisible, vivo, activo, lleno de amor. Estad atentos a todas las manifestaciones de nuestro cariño solícito; ¡qué alegría para nosotros cuando vuestros corazones acogen nuestros esfuerzos que tratan de consolaros, haciéndoos presentir la felicidad cercana de las despedidas pasajeras!

¡El Cielo no sería digno de las promesas del Hijo de Dios, si los que se aman hubieran de vagar como fantasmas en espacios infinitos!

Si comprendierais que la muerte es una ventaja y no una desgracia para quien ha pasado el velo, ya no tendríais nunca en la boca  esa expresión tan errónea: "¡Pobre hombre!...¡pobre madre!... ¡pobre hijo!..." ¡qué poco de acuerdo está este lamento con vuestras creencias evangélicas! ¡Admitís la victoria de Cristo sobre la muerte pero dudáis de la palabra de Dios, cuyas promesas están llenas de amor y de perdón!

Nosotros abandonamos la tierra para una evolución superior, para una vida más libre, más bella, con medios de acción incrementados y facilitados, para un ideal más perfecto, cuya consecuencia es la felicidad, que crece con cada esfuerzo hacia el bien... ¡y vosotros nos lloráis! ¡qué incoherencia en vuestra fe!


Querida mamá, nosotros tenemos también otra actividad  (muy dura, muy difícil, muy "ingrata"), pero nos entregamos a ella con ansiedad y fervor, con un entusiasmo incansable: es la de despertar a las almas que se pierden; los ángeles de Satán las corrompen con sus tentaciones monstruosas y que por su seducción arrastra a las almas hacia el abismo de la "segunda muerte"

Todos vosotros necesitáis de la ayuda de Cristo: lloráis, ¡Él os consuela! habéis pecado, ¡Él os perdona! ¡Él os ama! ¡Él es el Amor!... ¡el amor sólo puede consolar y perdonar!


No te asustes ante las dificultades que hacen tan duro el camino, cuando el alma fiel está triste: Dios no os pide afrontar solos ese rudo viaje... Cristo sigue con nosotros en las esferas que Él ilumina con su presencia visible, con vosotros a quienes Él reanima con su presencia invisible

Dios hace todavía más, querida mamá... díselo a todas las madres desesperadas, a todos los corazones rotos por la muerte de un ser querido: "¡Dios hace todavía más! porque es a vuestros propios Invisibles a los que envía a las moradas terrenales, para llamaros por vuestros nombres... para demostraros la supervivencia y la cercanía de las almas, en la integridad completa de su personalidad inmortal.

Mirad a Cristo en Getsemaní, en el Pretorio, en el Calvario... ¡Qué inmenso abismo de desesperanza moral, ante la ingratitud, el abandono y el odio!... ¡de horror físico, en aquella carne joven y pura y santa, ante la tortura que se acercaba: ¡un suplicio y una ignominia! Cualquiera que sea vuestro dolor, oh hermanos del Justo, muerto con un pensamiento único de renuncia y de amor por vosotros... llámese enfermedad, soledad, traición, pobreza o duelo, ¡nunca igualará a la de vuestro Salvador en la Cruz!


La humanidad está adormecida con los ritos del mundo que le absorben y le llenan... Cuando llega la hora, cuando Dios llama a esas almas despreocupadas, nosotros somos testigos de su sorpresa en primer lugar, después de su angustia, y (gracias a nuestros esfuerzos fraternales) casi al momento de sus remordimientos. En efecto, las almas totalmente perversas son raras. La mayoría de las veces, el sentimiento que las lleva a esa insuficiencia y la incapacidad moral es la indolencia, que podríamos comparar con un sueño estéril.

La preocupación por la vida material absorbe de tal modo vuestras facultades intelectuales y activas, que perdéis por completo la conciencia de vuestra vida espiritual. ¿Qué tenéis un alma?... eso no os preocuparía sin duda, si los momentos de dolor y de luto no os detuvieran en vuestra carrera vertiginosa a través de la existencia. No os preocupa descubrir la meta hacia la que camináis tan febrilmente. Es menester no obstante que recordéis esto: "Con Dios no se juega, y el que haya sembrado en la carne, recogerá la corrupción" (Gál 6,8) ¡Qué pensamiento más serio!... ¡yo diría incluso terrible!... No me dirijo a vosotros con el deseo de mostraros la severidad de Dios, sino su Amor, sin embargo ¿seríamos nosotros dignos del mensaje celestial, sino dijéramos a nuestros hermanos: "Dios es amor, pero también es justicia?" Sería muy imprudente no plantearse sinceramente la certeza de la justicia de Dios, tal como nos lo profetizó el mismo Cristo: "El rey les dirá:Retiraos de mí, malditos!" (Mt 25,4)

El juicio del Dios-Hombre está lleno de misericordia y de mansedumbre, pero la indulgencia no puede rebajarse hasta la debilidad, que dejaría de ser justicia y "lo que el hombre siembra, lo recoge" (Gál 6,7)

Dios es para cada uno de sus hijos, como la madre que tiende sus brazos al más culpable de los suyos, cuando busca ese asilo bendito entre lágrimas de arrepentimiento. No encontraréis en la justicia divina ninguna "recriminación" de los pecados pasados y perdonados, si vuestro rechazo del mal es sincero. Sin embargo para sentir ese remordimiento y esa pena, no hay que dormirse: el sueño le hace al alma incapaz de reaccionar contra la corriente nefasta, que la arrastra inconscientemente y acabará en la sima de la muerte espiritual... la "segunda muerte", que no conoce resurrección.


Nuestra misión es en especial una misión de consolación y de amor; todo espíritu liberado, lleno de la influencia espiritual de Cristo, puede volver a vuestras casas, hablándoos de la vida del Cielo y del amor del Padre.  Querida mamá, ¡no busquéis fenómenos excepcionales o extraños! Poneos de rodillas y esperad las gracias del Amor divino... No todos contaréis con pruebas tan evidentes, pero todos (lo repito de nuevo todos, todos, todos...) podréis sentir latir más deprisa vuestros corazones, porque vuestro espíritu sentirá el contacto del espíritu amado, al margen incluso de vuestra conciencia. Y Cristo descenderá hasta los afligidos, a través de los recién nacidos del mundo espiritual, puesto que ellos aportan el Amor... ¡Cristo es el Amor del Padre!

Para vosotros las "almas" son vagas nebulosas que flotan erráticas en el cielo. Sed sinceros con vosotros mismos: la mayoría de las veces, es una visión de este tipo la que pasa por vuestro pensamiento. La realidad no es así. El alma tiene una constitución, lo mismo que el cuerpo animal; y su cuerpo (el cuerpo espiritual) existe, con sus facultades especiales, adaptadas al nuevo estado en que se ha convertido su existencia. El cuerpo espiritual del que os habló San Pablo, posee también órganos que le son propios, facultades que nos permiten veros, hablaros, recordaros, amaros... y también arrepentirnos. Seguimos siendo nosotros mismos, en definitiva, y  la muerte es una trasudación en la que nuestro cuerpo, glorificado por el amor de Cristo y por el don de la vida eterna, pasa a través del cuerpo material del que abraza la forma y conserva la personalidad total. Puedo decir incluso que se trata de una transubstanciación que cambia, que espiritualiza, que purifica la materia y la prepara así a la vida de las esferas celestiales.

Nuestra existencia tiene la misma meta que la vuestra, y tal como Dios la ha querido para todos: "una elevación continua, impuesta por el sentido del deber (la conciencia), que poco a poco llevará nuestra evolución a una perfección suficiente para permitirnos la visión de Dios... después, a una comunión tan perfecta, que llegará a la unidad".




Si la promesa de Cristo: "Estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28,20) se realizase de una manera tan subjetiva como os lo enseña el concepto filosófico del Verbo de Dios, jamás habríais encontrado el consuelo en la desgracia. Pero la promesa de Cristo, el compromiso que Él tomó frente a la humanidad, fue dar Su Carne y Su Sangre.... prestarse a ser comido por aquellos que lo amasen lo suficiente como para buscar este Alimento único, del que debe nacer la vida eterna. Esto no es ya una concepción subjetiva,  ¿no es así?... Cristo que hablaba en sentido espiritual, (no simbólico), ofrecía para la salvación del mundo una realidad sensible y muy lejos de un ideal impalpable. Vosotros no sabéis comprender  la escena mística y la comunión perfecta, nupcias santas del alma humana y de su Dios.



En el cáliz de vuestra integridad  inmortal, recibid las gotas de la Sangre preciosa, sinónimo de vida que corre por las venas de Dios (si se me permite utilizar esta imagen). Dirigid vuestros labios a la Hostia divina que se convertirá, en vuestra boca, en el Verbo de Dios, su parte activa y comunicable, resultado de la vida alimentada por la sangre, ¡el Pan vivo!... ¡alimento!... ¡riqueza a recibir para difundirla!

El Dador de Todos los Bienes no admite la avaricia, ¡ni siquiera por las cosas santas! Lo que Él os ofreció con tanto amor, no será sepultado en vuestras almas: el talento debe producir; y cuando vosotros lo devolváis a vuestro Maestro, le aportaréis también los intereses de su haber (Mt 25,27), es decir: de otras almas iluminadas, consoladas, salvadas.

El silencio es un bien no sólo necesario, sino esencial para la vida de las almas. El silencio es el reposo espiritual, está lleno de fuerzas renovadoras.
Vivir en una agitación ruidosa y atolondrada, disminuye las fuerzas mentales lo mismo que las fuerzas espirituales. El alma languidece en la atmósfera excitada de la agitación mundana... exclusivamente mundana, y la enfermedad del alma humana tiene una repercusión, positiva y material. De ello resulta que el cuerpo sufre con el sufrimiento del alma.
Considerad el silencio bajo todos estos diferentes aspectos: ¡El silencio en el recogimiento, en la sumisión, en la aceptación! el silencio en medio de las injurias, las burlas, ¡y ante la injusticia! el silencio de la plegaria, y en fin, el silencio del arrepentimiento y del amor...

No existen dos mundos, ni dos vidas, ni dos humanidades; nosotros seguimos tiernamente unidos por la inmortal solidaridad de la raza, y vosotros solos sois la causa del muro que nos impide "tener cogidas las manos". Las esferas celestiales no tienen entre sí otra separación que el progreso de las almas, no hay entre nosotros más obstáculo infranqueable que la duda y el pecado. Estos son obstáculos espirituales, por tanto, posibles de destruir por la fe: "certeza demostrada de las cosas que no veis" (Heb 11,1)

Querida mamá, ¡oh! ¡díselo a ellos!... ¡diles que contemplen al Salvador expirando! En esa contemplación, verán la respuesta a todas las inquietudes del alma (ya sea a la necesidad de amor, a la necesidad de justicia, a la necesidad de perdón o a la esperanza de salvación, de paz, de descanso, de felicidad)… Todo está ahí, en ese Cuerpo roto... en esa corona de espinas... es esos Ojos, que ven a aquellos a quienes Él quiso salvar y a otros que lo injurian y lo hieren... en esa Voz que dice: "¡Padre, perdónalos!"... ¡Todo está ahí!
Aprended por tanto el significado de la Cruz: la Cruz es la "raíz del amor revelado". Jesús en la Cruz fue la expresión realizada del Amor del que todo procede, ¡puesto que el Amor es Dios!






Querida mamá recuerda la realidad de nuestro ser resucitado de la tumba, no ya en una carne corruptible, sino revestido de la envoltura fluídica y espiritual, que le da la continuidad de su apariencia terrestre; hay que entender por tanto que nosotros vemos a Cristo con una forma parecida a la que lo conocieron los hombres entre los que vivió en la tierra... Viene hacia nosotros por los caminos floridos de los campos celestiales, lo mismo que antaño por las montañas de Judea, y nosotros nos reunimos en torno a Él, como lo hacían sus discípulos. La vida de nuestras esferas no es una efluencia de vapores, formando un ambiente vago e impalpable, es una vida asentada en el espíritu, como lo estuvo en la materia nuestra vida en la tierra.

Mi querida mamá, tú sientes  a veces esa sensación del casto beso de las almas... no es un sueño, ni una fantasmagoría, cuando os alejáis momentáneamente de la materia, nuestras almas que se buscan, se encuentran. Nosotros descendemos hasta nuestros seres queridos que nos reclaman, para permitir que la carne y el espíritu se encuentren en una cita, promesa de las reuniones eternas. Elevaos hacia esas esferas intermedias; ellas os son accesibles... (lo repito, las esferas son un estado del alma) … os rodean: la presencia fiel de aquellos a quienes vuestros ojos ya no saben ver, protege a vuestros corazones amantes de la tristeza de la soledad.

¡Entre vosotros, en la tierra, cuando el corazón que se ha entregado, se siente ignorado, lo tortura una desesperación impotente!... nuestro dolor se parece a ese dolor terrestre: nosotros venimos a vosotros... os rodeamos con nuestros brazos, mantenemos nuestra fidelidad al pasado que lloráis... ¡y no conseguimos haceros sentir nuestra proximidad!... ¿Podríamos reprocharos esta barrera?... ¡nosotros mismos la hemos conocido! Sin embargo, la conciencia misteriosa de vuestra alma os hace presentir la cercanía tan ansiosa de aquellos a quienes echa de menos vuestro recuerdo,  y a quienes vuestro deseo clama por volver a ver. En esta impresión muy viva de un contacto psíquico, debería seros posible sentir el roce de nuestro ser ¡Haced el esfuerzo necesario! No es preciso haber recibido de Dios el don de la clarividencia y de la clariaudiencia, para comprobar que las promesas de Cristo deben entenderse mucho más literalmente de lo que generalmente hacéis. 

Dios me ha enviado a tu corazón doloroso, como un don que debíamos compartir con todos los que ignoran todavía el triunfo de la vida en el Amor. Debemos recordar siempre que somos hostias queridas por el Eterno para el altar de Su amor... ¡Dejemos que la voluntad de Dios luche en nuestras almas! ¡demos testimonio a todos los hombres de las gracias recibidas para purificar el sufrimiento y secar las lágrimas, puesto que Dios permite que mi cariño irradie verdaderamente hasta tu alma...!

Mamá querida, un hijo que obedece a su padre porque su corazón está lleno de amor, no se extraña de las decisiones paternales: recuerda el honor de su nombre... este hijo obedece, pero lo hace por honor y por amor, sin servilismo, ni desagrado. Jesús, nuestro Modelo, obedeció así hasta el suplicio del Gólgota... ¡por honor y por amor!
Y ahora, si es necesario, vosotros, los hermanos de ese "Emmanuel" que vivía como un hombre... ¡id y lavad los pies de aquellos que os rodean! ¡Sufrid, porque ellos os ignoran y os odian! Soportad la injusticia, la delación, la injuria y recibid la corona de espinas si es necesario... ¡si es necesario! ¡Por honor y por amor! Amén.

En cuanto a nosotros aquí, querida mamá, tenemos un conocimiento verdadero del Hijo de Dios: un conocimiento completamente nuevo. No nos sentimos sorprendidos de verlo en medio de nosotros. Nosotros hemos reconocido, tal como Él nos enseña, que Cristo y Dios son "Uno" (Jn 27, 21 y 22)

La vida es un despliegue de energías, que deben subsistir desde el momento en que fueron suscitadas. Esforzaos por dirigir esas fuerzas, no sólo espirituales, sino materiales, para formar el ser que vosotros seréis en el otro mundo: os encontraréis allí en presencia de ese doble, que habrá que revestir y modelar bajo la mirada de los ángeles... y sobre todo, bajo la mirada irreductible de Cristo, Espíritu integral de pureza, de justicia y de misericordia: el Amor.
Cristo es un miembro de Dios, un miembro del "corazón de Dios", diría yo para situar el afecto divino y paternal de manera que os permita representároslo. Cristo es Amor... ésta es la razón por la que Él existe, apasionadamente bueno, inefablemente puro, castamente tierno, infinitamente misericordioso.

Cristo es para nosotros la "Luz del Sol"... cerca de Cristo, no hay noche: "El Señor Dios nos ilumina" (Apoc 22,5); Cristo es para nosotros la serenidad y la paz... al lado de Cristo-Luz, el odio y los rencores se funden como nieve; Cristo es para nosotros fuerza y actividad... al lado de Cristo la vida se hace fecunda; Cristo para nosotros es alegría y caridad... al lado de Cristo-Luz reina el Amor. La actividad de las tinieblas se destruye por la Luz, y la del Mal, por el Bien soberano. Cristo introduce en nosotros efluvios adorables del Amor de Dios, y sólo aquellos que rechazan preguntar lo infinito del pensamiento (no hablo aquí del pensamiento intelectual, sino del desapego del alma), no podrán sin duda descubrir al Hijo de Dios.





Jesús hombre pasó por la tierra para facilitaros el camino hacia la perfección exigida: contempladle en la simplicidad de su vida: ¡Jesús conoció el hambre, la sed, la fatiga de los largos días del verano, y el frío de las noches de invierno, y la necesidad de vestirse, y la tensión nerviosa de las esperanzas frustradas, y el entusiasmo de las esperanzas que renacen!... Jesús se sirvió de estos sencillos medios para elevar su alma hasta la perfección... ¡haced lo mismo! ¡Nuestras plegarias os sostienen y os sitúan en el camino ascendente! Como en todo, Cristo es el único camino que lleva hasta Dios. No perdáis de vista la dualidad de Cristo y su unidad. Renunciaréis entonces a dirigiros solos, y elevaréis en el vacío aparente que os rodea, los brazos suplicantes. ¡Ese vacío no existe! ¡avanzáis por el mismo camino que nosotros, los espíritus de vuestros hermanos! algunos se distancias de vosotros... pero la mayoría está a vuestro lado, ellos os llaman, os hablan de su experiencia del viaje, os tienden las manos para ayudaros a superar obstáculos... ¡seguidnos!
Hay que decir, no obstante, que también a nosotros nos hace falta vuestra ayuda: la fidelidad de la vida según Dios y la pureza de las almas amadas son para nosotros una fuerza incomparable, porque la solidaridad de los hombres atraviesa las fronteras de la muerte, y nuestra acción, la de unos sobre otros, es recíproca.  Querida mamá, continuad por tanto con todos nosotros la peregrinación cuya meta y término son la perfección: el Redentor va delante de nosotros, atento y misericordioso... ¡buen pastor que conduce al redil a su rebaño! No todas las ovejas están tan sanas, ni todos los corderos tan robustos... ninguna, ninguno es ignorado por ese Pastor compasivo, porque su nombre es "el Amor".
¡Oh mamá, si vosotros supierais!... ¡si supierais lo mucho que nos ama!... ¡si supierais lo mucho que nosotros lo amamos!




Jesús llegó a la victoria por el sufrimiento... al Amor victorioso, pasando por el abandono y la derrota aparente... Querida mamá, la muerte que apaga nuestros ojos, que detiene nuestros labios, las tiernas palabras... la muerte también es el camino del amor vencedor y de la alegría, primicias de la conquista de la felicidad... La muerte es la puerta que se abre a la visión incomparable de Cristo... ¡Amor! ¡Amor! ¡¡Amor!!

Nosotros conocemos aquí una felicidad muy superior a la de la tierra, pero que se parece todavía a la que vosotros sentís. Me refiero que seguimos vinculados a una  concepción de la felicidad, que todavía debe modificarse ligeramente. Es completamente  racional que experimentéis el sentimiento de la alegría personal, si por otra parte esta alegría no perjudica a vuestros semejantes, si está llena de agradecimiento  hacia el Dios que os llena con su generosidad. No os sintáis por tanto culpables o profanos por experimentar un sentimiento que os recomendó el apóstol: "¡Estad siempre alegres!" (II Cor 13,11)

Dios os pide el esfuerzo constante hacia la santificación; esto quiere decir,  la purificación de vuestra voluntad: ella debe volverse cada vez más hacia el Amor, lo mismo que la flor hacia el sol. Si orientáis vuestra voluntad en el sentido único de la renuncia, del desprendimiento, y hacia todo impulso sin egoísmo, podéis alegraros con nosotros de ser los servidores fieles del Dios que os espera para enseñaros la verdadera felicidad, en la que vuestra felicidad personal será la gota de agua en el océano sin orillas de la felicidad universal. Éste es el océano de Amor que se llama: Dios. Nosotros somos las gotas de Amor salidas de la fuente inicial, el Verbo de Dios, que forman los ríos sustantivos que convergen en el Único: Dios. Sin nuestra aportación voluntaria, el Ser de Dios quedaría disminuido (entended estas palabras de manera espiritual) y nosotros seríamos culpables ante Dios, ante la raza humana, ante nosotros mismos.
Los profetas presentían ya que el río se apartaría de su curso... sus llamadas son el grito del sufrimiento del cariño de Dios. Cristo salvó al mundo, porque Dios nos amó hasta la renuncia total, y adquirió así el derecho de reclamarnos con toda justicia.

¡Todo esto, querida mamá, os parece muy difícil, y miráis  con pena los caminos unidos de la indiferencia a las cuestiones espirituales! Pero vosotros mismos sois espíritus, no debéis vagar en la materia... (la materia instrumento y vestido, el gran obstáculo que nos oculta a vuestros ojos). En el centro profundo de la Creación está el espíritu.

Son sobre todos nuestras madres las que comienzan a rasgar los pliegues ocultos de ese vestido de duelo... Nuestras madres son las pioneras... después todos los que nos aman las siguen. Con escepticismo al principio, aunque temblando de deseo, los padres... nuestros padres ¡escuchan y comprenden! Si hablo aquí de los padres, es porque la corriente psíquica reacciona con mayor facilidad entre el hijo y los que lo engendraron; pero no pongo una barrera que excluya a otros seres queridos... todas las almas pueden unirse así.

La vida espiritual es la que debéis buscar por encima de todo, porque ella sola contiene la realidad y la verdad que se refiere a las almas. Fuera todo es ilusión... quimera... puesto que lo único que queda de ella es un recuerdo, triste o alegre, borrado con rapidez.
Hay que educar y espiritualizar por tanto esa única entidad duradera, para sacar de ella como de una inmensa fuente pura, las emociones dignas de manifestarse, frente a las condiciones futuras que la esperan de forma inexorable.  Dios concede  el equilibrio necesario a vuestra vida normal, mientras sois terrenales; no deseéis por tanto los fenómenos de "bilocación": son morbosos. Sin embargo, caéis en el exceso contrario, cuando dejáis prevalecer en vosotros la parte material de vosotros mismos, hasta perder de vista, por completo o casi, vuestra espiritualidad.

Vuestras almas son como las conchas, que repiten las melodías del mar cuando las escucháis en silencio; ¡haced silencio! y el sonido de las voces del alma se prolongará hasta vuestros corazones. Quiero decir: de vuestro ser espiritual a vuestro ser psíquico. ¿Dudaréis entonces de la realidad de una vida ignorada, que es la vuestra, y que es la única que explica la divinidad de las almas?

Pierre.



-El texto va acompañado de algunos fotogramas de la película El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini-