Los pecados más graves son los pecados contra el Amor; el Amor es Dios: siempre que el hombre falta al amor, hiere el Ser mismo de Dios. La existencia terrenal es la escuela del Amor, en ella debemos aprender la práctica perfecta del amor en la solidaridad. El mal reina en la tierra, porque el hombre, fallando a su vocación, indiferente hacia todo lo que no es su propia persona, vive en un feroz y cruel egoísmo. Es esclavo de su ego y se adora a sí mismo.
| Andrei Tarkovsky (colección de polaroids) |
El amor es la meta de toda la creación en todas sus manifestaciones: es lo que más pesa en la balanza de la prueba; pues bien, es difícil encontrar unos amigos más sacrificados que los compañeros de los hogares humanos: ellos no conocen el egoísmo espiritual- quiero decir que el afecto que dan a sus amos no tiene límites ni restricciones-. Ved en ello la prueba de una evolución, superior a lo que vosotros pensáis, y al mismo tiempo, la certeza de que hay en ellos un alma sencilla que sobrevive a la muerte, ya que el amor, el amor verdadero, es "más fuerte que la muerte", por tanto inmortal. Las demás criaturas han recibido también el soplo de vida de Dios y le son queridas.
| Andrei Tarkovsky (colección de polaroids) |
El buen perrito que vino a mi lado, no había perdido nunca realmente el contacto conmigo, puesto que me veía con mucha frecuencia; en efecto, sus sentidos psíquicos están muy desarrollados. Todo lo que te digo aquí, querida mamá, te hará comprender que Dios no permite nunca la desaparición completa de la chispa de amor: un alma, evolucionada o no, que mantiene oculta la esencialidad inmortal, el Amor, no morirá. Todo lo que es amor, permanece; es una partícula del mismo Dios, ya que el Amor es Dios.
Los animales que han compartido la existencia de los hombres, en una corriente de fidelidad y amor, tienen también derecho a acercarse a aquello que fue el cariño profundo de sus almas elementales. Como te he dicho, el perrito que tanto te quiso evoluciona alegremente siguiendo tus huellas. Ha vuelto a encontrar aquí a todos sus semejantes, que vivieron a vuestro lado llenos de afecto servicial y perfecto; es completamente natural que estén juntos, puesto que tú eres el centro de atracción para su pensamiento. Su felicidad nos parece relativa, pero responde suficientemente a sus deseos psíquicos.
Nuestro mensaje se os transmite desde unas esferas, superiores por la espiritualización, pero es a vuestro lado donde se apiñan todos vuestros seres queridos, tratando de arrastraros hacia esa vida despojada de las torpezas inherentes a la materialidad: la codicia en todas sus formas, codicia de la carne, de los ojos, de los bienes del otro, incluso de la superioridad temporal o moral de los que os rodean... en una palabra, de todo lo que os parece tener un predominio cualquiera sobre vuestro ego ladrón y cruel.
Querida mamá, en este trabajo doloroso, que hace derramar sudor de sangre en vuestros corazones, hay ángeles que os asisten para daros fuerza. Esos ángeles no son exclusivamente los seres sagrados servidores en el santuario de Dios, sino también los espíritus que son semejantes a ellos: ¡todos nosotros! Dios nos envía, y nosotros os recordamos que Cristo prometió "no dejaros solos" (Jn 14, 18). Nuestra obra no es personal, es la obra de Dios. Sin embargo, en su amor Dios envía a cada uno de sus servidores a aquellos que le son queridos especialmente en la tierra. Cristo conoce nuestro cariño triunfador de la muerte... y es Él, Jesús, el Perfecto-Amor, el que me envía a vosotros para deciros: "¡Animaos!"
Vivir la vida del alma es ya vivir en el Cielo, "en el reino de Dios", proclamaba aquel que repetía las palabras de su Padre... "El Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21).
Antes de reconstruir el unísono de perfección esencial, y para realizar el querer ideológico de Dios, es indispensable llevar cada alma a la perfección inmanente. Ya ves cuál es la tarea de la humanidad, tanto en vuestro mundo como en el nuestro: para esto, hacen falta esfuerzos constantes que superarían nuestras fuerzas espirituales, si Cristo (al Amor por excelencia, puesto que es el Amor de Dios) no hubiera descendido entre los hombres para servirles de Luz, de Camino, y para enseñarles la Vida única, mostrándoles la única Verdad. El alma encontrará la posibilidad de mostrarse más fuerte que ella misma, exclusivamente, únicamente en el amor, en el mayor amor... la renuncia. Esta es la obra de muchas esferas evolutivas, pero para apresurar su perfeccionamiento glorioso, debéis comenzarla en la tierra.
El alma posee en sí misma un centro del ser, único que constituye su personalidad definida, y que todo lo que sucede en torno a ese germen, semilla de Dios, son sólo condiciones accesorias, aunque necesarias, para lograr la ascensión de la individualidad inmortal hacia Dios. Porque ello es así, comprended definitivamente que el hecho de dejar la forma terrestre de uno mismo ya no es nada, y que la muerte es una necesidad de depuración que no altera la personalidad de las almas. Lo que hace a la muerte tan trágica y dolorosa, es la imperfección de los sentidos, que opone un obstáculo únicamente material, pero con el que queda velada para las almas en la carne la espiritualidad constitutiva de los desencarnados.
Dios, lo repito... no me cansaré de repetirlo, no desea mantener bajo ese velo agobiante y cegador a los que lloran... a los que esperan en Su misericordia infinita. ¿No os anunció Cristo la vida eterna? ¿no os enseñó a través de la vista?... con la visión de su cuerpo saliendo glorioso de la tumba.
El alma es inmortal, si se mantiene en lo que Dios quiso que fuera, cuando Él se desprendió de una de sus parcelas constitutivas, en favor de cada una de las almas que deben engendrar sus criaturas, humanas u otras. El centro del alma es Dios en vosotros, por tanto la Perfección definitiva y que siempre ha sido: éste es el don de Dios.
Existen entre nosotros los jóvenes soldados y los reclutas que acaban de llegar a las esferas inmateriales, y sus jefes, y los ángeles... y los arcángeles, y Cristo, Paridad de Dios por esencia y por nacimiento. Todo lo que os sugieren las visiones reveladoras de las Escrituras, en lo que se refiere al ejército celeste, es la realidad, la verdad; su jerarquía es el gobierno del Rey de Reyes. Es una organización maravillosa, querida mamá, donde se toman todas las decisiones con un pensamiento de amor infinito, y se ejecutan de la misma manera.
La solidaridad humana no está dividida en dos; la humanidad espiritualizada es solidaria de la humanidad terrestre. El amor triunfa de las tumbas, y el mayor amor es renunciar a uno mismo para pensar sólo en los otros. ¡Por eso no podríamos vivir nuestra vida tan hermosa, olvidando vuestra existencia de incertidumbre y de pecado! Obedecemos con alegría las órdenes del Perfecto-Amor, y vamos hacia vosotros, como "gran nube" de almas liberadas, para sosteneros mostrándoos el Cielo abierto por Cristo.
Nosotros no hemos perdido la apariencia humana, pero dejamos en la tierra las enfermedades de nuestra carne. Queridos míos, estáis rodeados por lo Invisible, vivo, activo, lleno de amor. Estad atentos a todas las manifestaciones de nuestro cariño solícito; ¡qué alegría para nosotros cuando vuestros corazones acogen nuestros esfuerzos que tratan de consolaros, haciéndoos presentir la felicidad cercana de las despedidas pasajeras!
¡El Cielo no sería digno de las promesas del Hijo de Dios, si los que se aman hubieran de vagar como fantasmas en espacios infinitos!
Si comprendierais que la muerte es una ventaja y no una desgracia para quien ha pasado el velo, ya no tendríais nunca en la boca esa expresión tan errónea: "¡Pobre hombre!...¡pobre madre!... ¡pobre hijo!..." ¡qué poco de acuerdo está este lamento con vuestras creencias evangélicas! ¡Admitís la victoria de Cristo sobre la muerte pero dudáis de la palabra de Dios, cuyas promesas están llenas de amor y de perdón!
Nosotros abandonamos la tierra para una evolución superior, para una vida más libre, más bella, con medios de acción incrementados y facilitados, para un ideal más perfecto, cuya consecuencia es la felicidad, que crece con cada esfuerzo hacia el bien... ¡y vosotros nos lloráis! ¡qué incoherencia en vuestra fe!
Querida mamá, nosotros tenemos también otra actividad (muy dura, muy difícil, muy "ingrata"), pero nos entregamos a ella con ansiedad y fervor, con un entusiasmo incansable: es la de despertar a las almas que se pierden; los ángeles de Satán las corrompen con sus tentaciones monstruosas y que por su seducción arrastra a las almas hacia el abismo de la "segunda muerte"
Todos vosotros necesitáis de la ayuda de Cristo: lloráis, ¡Él os consuela! habéis pecado, ¡Él os perdona! ¡Él os ama! ¡Él es el Amor!... ¡el amor sólo puede consolar y perdonar!
No te asustes ante las dificultades que hacen tan duro el camino, cuando el alma fiel está triste: Dios no os pide afrontar solos ese rudo viaje... Cristo sigue con nosotros en las esferas que Él ilumina con su presencia visible, con vosotros a quienes Él reanima con su presencia invisible
Dios hace todavía más, querida mamá... díselo a todas las madres desesperadas, a todos los corazones rotos por la muerte de un ser querido: "¡Dios hace todavía más! porque es a vuestros propios Invisibles a los que envía a las moradas terrenales, para llamaros por vuestros nombres... para demostraros la supervivencia y la cercanía de las almas, en la integridad completa de su personalidad inmortal.
Mirad a Cristo en Getsemaní, en el Pretorio, en el Calvario... ¡Qué inmenso abismo de desesperanza moral, ante la ingratitud, el abandono y el odio!... ¡de horror físico, en aquella carne joven y pura y santa, ante la tortura que se acercaba: ¡un suplicio y una ignominia! Cualquiera que sea vuestro dolor, oh hermanos del Justo, muerto con un pensamiento único de renuncia y de amor por vosotros... llámese enfermedad, soledad, traición, pobreza o duelo, ¡nunca igualará a la de vuestro Salvador en la Cruz!
La humanidad está adormecida con los ritos del mundo que le absorben y le llenan... Cuando llega la hora, cuando Dios llama a esas almas despreocupadas, nosotros somos testigos de su sorpresa en primer lugar, después de su angustia, y (gracias a nuestros esfuerzos fraternales) casi al momento de sus remordimientos. En efecto, las almas totalmente perversas son raras. La mayoría de las veces, el sentimiento que las lleva a esa insuficiencia y la incapacidad moral es la indolencia, que podríamos comparar con un sueño estéril.
La preocupación por la vida material absorbe de tal modo vuestras facultades intelectuales y activas, que perdéis por completo la conciencia de vuestra vida espiritual. ¿Qué tenéis un alma?... eso no os preocuparía sin duda, si los momentos de dolor y de luto no os detuvieran en vuestra carrera vertiginosa a través de la existencia. No os preocupa descubrir la meta hacia la que camináis tan febrilmente. Es menester no obstante que recordéis esto: "Con Dios no se juega, y el que haya sembrado en la carne, recogerá la corrupción" (Gál 6,8) ¡Qué pensamiento más serio!... ¡yo diría incluso terrible!... No me dirijo a vosotros con el deseo de mostraros la severidad de Dios, sino su Amor, sin embargo ¿seríamos nosotros dignos del mensaje celestial, sino dijéramos a nuestros hermanos: "Dios es amor, pero también es justicia?" Sería muy imprudente no plantearse sinceramente la certeza de la justicia de Dios, tal como nos lo profetizó el mismo Cristo: "El rey les dirá: "¡Retiraos de mí, malditos!" (Mt 25,4)
El juicio del Dios-Hombre está lleno de misericordia y de mansedumbre, pero la indulgencia no puede rebajarse hasta la debilidad, que dejaría de ser justicia y "lo que el hombre siembra, lo recoge" (Gál 6,7)
Dios es para cada uno de sus hijos, como la madre que tiende sus brazos al más culpable de los suyos, cuando busca ese asilo bendito entre lágrimas de arrepentimiento. No encontraréis en la justicia divina ninguna "recriminación" de los pecados pasados y perdonados, si vuestro rechazo del mal es sincero. Sin embargo para sentir ese remordimiento y esa pena, no hay que dormirse: el sueño le hace al alma incapaz de reaccionar contra la corriente nefasta, que la arrastra inconscientemente y acabará en la sima de la muerte espiritual... la "segunda muerte", que no conoce resurrección.
Nuestra misión es en especial una misión de consolación y de amor; todo espíritu liberado, lleno de la influencia espiritual de Cristo, puede volver a vuestras casas, hablándoos de la vida del Cielo y del amor del Padre. Querida mamá, ¡no busquéis fenómenos excepcionales o extraños! Poneos de rodillas y esperad las gracias del Amor divino... No todos contaréis con pruebas tan evidentes, pero todos (lo repito de nuevo todos, todos, todos...) podréis sentir latir más deprisa vuestros corazones, porque vuestro espíritu sentirá el contacto del espíritu amado, al margen incluso de vuestra conciencia. Y Cristo descenderá hasta los afligidos, a través de los recién nacidos del mundo espiritual, puesto que ellos aportan el Amor... ¡Cristo es el Amor del Padre!
Para vosotros las "almas" son vagas nebulosas que flotan erráticas en el cielo. Sed sinceros con vosotros mismos: la mayoría de las veces, es una visión de este tipo la que pasa por vuestro pensamiento. La realidad no es así. El alma tiene una constitución, lo mismo que el cuerpo animal; y su cuerpo (el cuerpo espiritual) existe, con sus facultades especiales, adaptadas al nuevo estado en que se ha convertido su existencia. El cuerpo espiritual del que os habló San Pablo, posee también órganos que le son propios, facultades que nos permiten veros, hablaros, recordaros, amaros... y también arrepentirnos. Seguimos siendo nosotros mismos, en definitiva, y la muerte es una trasudación en la que nuestro cuerpo, glorificado por el amor de Cristo y por el don de la vida eterna, pasa a través del cuerpo material del que abraza la forma y conserva la personalidad total. Puedo decir incluso que se trata de una transubstanciación que cambia, que espiritualiza, que purifica la materia y la prepara así a la vida de las esferas celestiales.
Nuestra existencia tiene la misma meta que la vuestra, y tal como Dios la ha querido para todos: "una elevación continua, impuesta por el sentido del deber (la conciencia), que poco a poco llevará nuestra evolución a una perfección suficiente para permitirnos la visión de Dios... después, a una comunión tan perfecta, que llegará a la unidad".
Si la promesa de Cristo: "Estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28,20) se realizase de una manera tan subjetiva como os lo enseña el concepto filosófico del Verbo de Dios, jamás habríais encontrado el consuelo en la desgracia. Pero la promesa de Cristo, el compromiso que Él tomó frente a la humanidad, fue dar Su Carne y Su Sangre.... prestarse a ser comido por aquellos que lo amasen lo suficiente como para buscar este Alimento único, del que debe nacer la vida eterna. Esto no es ya una concepción subjetiva, ¿no es así?... Cristo que hablaba en sentido espiritual, (no simbólico), ofrecía para la salvación del mundo una realidad sensible y muy lejos de un ideal impalpable. Vosotros no sabéis comprender la escena mística y la comunión perfecta, nupcias santas del alma humana y de su Dios.
.jpg)



