jueves, 17 de mayo de 2018

Una obra para la Eternidad: el Réquiem de Mozart



"Emotivo lamento fúnebre e instante de gracia, la obra es producto  de un sorprendente equilibrio entre la fuerza declamatoria y rítmica del texto y su inserción melódica, entre el vuelo casi infinito de las líneas polifónicas y su anclaje a una fuerza armónica inexorable, entre los detalles de la articulación  y los contrastes de la dinámica. Se manifiesta sobre todo a través de esa percepción del movimiento que hace del tiempo el verdadero corazón de la música: soplo o pulsación, arrebato o plegaria, que nos permite acceder mediante la yuxtaposición en un mismo impulso de todas sus fuerzas a uno de los mayores mensajes del genio creador humano sobre el misterio de la muerte.



Así lo atestigua Mozart en una de sus cartas escritas en 1787, con 31 años de edad, a su padre enfermo:

"Dado que la muerte, analizada con detenimiento, es el verdadero objetivo de nuestra vida, me he familiarizado tanto desde hace algunos años con esa verdadera y perfecta amiga del hombre  que su imagen no sólo no tiene ya nada aterrador para mí, sino que me resulta tranquilizadora y consoladora. Y doy gracias a Dios por haberme concedido la dicha de procurarme la ocasión (...) de aprender a conocerla como la clave de nuestra auténtica felicidad. Nunca me acuesto sin pensar que quizá al día siguiente, por joven que sea, ya no estaré aquí" 

Mozart habría sentido un apego afectivo muy profundo por algunas obras (...). Todo esto explica  quizá la extraordinaria fuerza expresiva de esta obra maestra: una suerte de testamento espiritual admirablemente expuesto acerca de la profunda turbación del ser humano ante el misterio de la muerte.

Lamento fúnebre pero sobre todo plegaria extrema que implora la misericordia divina, deja abierta la esperanza de una vida nueva. Pocas veces una  obra musical habrá estado marcada de un modo tan intenso por el genio, la expresión, la fe y el sufrimiento de un ser humano".

Jordi Savall



Qué distinto al pensamiento imperante de hoy día, donde la muerte no es aceptada desde un punto de vista espiritual, sagrado, inherente a la Vida. Es ignorada, solapada, se vive como si realmente siempre se fuera a estar aquí. Los comportamientos así lo atestiguan: gente entrada ya en años comportándose como adolescentes, no parecen haber aprendido nada de la vida. Asi siguen el resto de sus vidas, sin experiencia vital y sobre todo, una experiencia propia. Los fuertes apegos a lo material, a las personas y lo más patente  la falta de ímpetu vital de un fuerte anhelo de querer dejar y dar de sí lo mejor de uno a cada momento. Hay mucha apatía, la rutina se ha implantado en la vida, la rutina es previsible y da seguridad. La muerte, no. Habría que empezar a mirarla desde otra forma, como el objetivo real de la vida, verla como la misma vida, no existe una sin la otra, esto es una verdad profunda que debe ser analizada, valorada y sentida en lo más profundo del alma de cada quien, día a día, en la apaciguadora soledad y momento de contemplación que todos necesitamos al encontrarnos con nosotros mismos.


Mozart, Réquiem en Re menor. Dirección Karl Böhm

La última obra maestra de Mozart, el Réquiem, del cual circularon muchas leyendas, lo cierto que a dia de hoy se sabe que fue el encargo al compositor de un conde que quiso permanecer en el anonimato..  Este hecho no quita la magia al asunto, ya que el momento del encargo con un Mozart  ya muy enfermo, consciente de su partida de este mundo, otorgó e impregnó a la obra de una profundidad  y una carga espiritual única. No hay oscuridad en el Réquiem de Mozart, se percibe humildad y respeto. Dos cualidades que la amiga muerte, como la llamaba Mozart, viene a recordarnos. Aporta luz y apacigua emociones tan encontradas, a la vez que es excelsa, pero sin caer en presunciones Escucharla con calma, nos devuelve la sobriedad necesaria para afrontar cualquier momento y percance de la vida. 

"Yo me imagino que nosotros, los hombres todos, los de mayores exigencias , nosotros los de los anhelos, los de la dimensión de más no podríamos vivir en absoluto si para respirar, además del aire de este mundo, no hubiese también otro aire, si además del tiempo no existiese también la eternidad, y ésta es el reino de lo puro. A él pertenecen la música de Mozart y las poesías de los grandes poetas..."



 El lobo estepario, Hermann Hesse.


Más información sobre esta obra: https://lineassobrearte.com/2015/06/28/requiem-en-re-menor-wolfgang-amadeus-mozart-1791/

domingo, 25 de marzo de 2018

Oración a un violín




Oración a un violín 

La tierra te arropó con su silencio y la tenue luz de infinitas lunas bañó tus ramas y tu corteza. 
Lo innombrable se ocultó bajo tus venas. Mientras, sobre tu magnífica copa,
 repleta de hojas con el color del sol, fueron el gran nido de la vida; cuna y sostén de las todas las criaturas que viste nacer. 
Arce, yo que soy humano... te llamo ¿Caminarás conmigo? 

Negro como la tierra oscura, como la piel de la raza más antigua, vena de la noche y su hondura. Yo alabo en ti tu dureza y tu dolor. 
Ebano... yo que soy tan sólo un humano ¿Caminarás conmigo? 

Como un trigal dorado, henchido de atardeceres y del viento hermanado. 
Mejores hombres que yo te alabaron antaño. Y con humildad, yo que también soy humano, alabo en ti tu serena esencia.
 Abeto... te llamo ¿Caminarás conmigo?

 Alabo las manos del artesano, que con su ser logró aunar los elementos para poder crear un instrumento, expresión de tantísimas emociones. Allá donde estés, hermano, yo también estaré. 
 Alabo las maderas que yacen entre mis manos, mixtura de las esencias reunidas por el anhelo más profundo del ser.
 ¡Derpierta pequeño violín, despierta y camina conmigo!

jueves, 25 de enero de 2018

Alabanza a las manos


Extraida de https://www.instagram.com/giles__newman/?hl=es

 Un antiguo cortometraje titulado Praise to the hand -Alabanza a las manos- donde se puede apreciar el trabajo de un luthier de violines, su trabajo solitario en su taller, en completo silencio... Concentrado en el trabajo con la madera, palpando con sus manos e impregnando de su buen hacer, de su meticulosidad este hermoso elemento tan noble, la madera.
Una alabanza al artesano antiguo, esforzado en su laboriosidad, dando lo mejor de sí, aunque muchos años tenga de experiencia que lo abalen, dejando un pedazo de su alma en cada obra.  Una oda al trabajo que honra a quien lo hace. Una labor esforzada, solitaria pero con la entrega de quien pone su alma en cada una de sus obras. 


Pequeño homenaje al vino

Pequeño homenaje al vino





Nubla mi mente tu ilustre presencia,
fuego sobrio que bautizó mi alma,
oro de los tiempos ya perdidos
retorna tu recuerdo en tu elegancia.

¿Cuantos dejaron de odiar a su enemigo
y ver en el a un simple mono perseguido?

No existen versos que describan tu misterio,
y mi mente dulcemente aniquilada retorna a su fría morada
y mi alma en furia desatada abraza al mundo y al hermano.

¡Vino! Esencia de imperios olvidados.
Tú nos igualas.

martes, 2 de enero de 2018

Papa rabiosa, un cuento zen



Para llegar hacia al monasterio hay que cruzar un río ya que el monasterio se encuentra alejado del pueblo. Por este río iban un viejo monje en compañía de un joven novicio en una pequeña barca de madera. A lo lejos divisan otra barca que se aproxima hacia ellos. El joven novicio le advierte al más viejo y éste le responde con un gesto de desdén.  Poco a poco las barcas se van acercando una hacia la otra, y el novicio exasperado comienza a gritar al otro barquero que se apartase, pues de lo contrario, las barcas podrían chocar. 

-¡Se están burlando de nosotros! Exclama el joven monje.

Cuando justo las embarcaciones iban a chocar, el joven novicio rojo de furia golpeó con el remo al otro barquero. Lo apaleó con ira, insultándole. 

Pero resulta que no había barquero, sino un gran saco de papas, que parecía ser que un campesino olvidó quedando la barca a la deriva, a merced del viento.

El viejo monje, reía a carcajadas. Y tratando de apaciguar al joven, le ayudó a cargar en su barca el gran saco de patatas.

Una vez ya dentro del monasterio, todos los monjes pudieron disfrutar de muchos días de copiosas comidas elaboradas con papas. Pero cada vez que llegaba la hora de comer no podían evitar reirse del suceso de la barca y le pedían al monje más viejo que narrara lo sucedido imitando al joven novicio. El viejo con gran dosis de actuación y humor imitaba todos los aspavientos e improperios del joven, causando gran deleite entre los monjes. El furor y la rabia del joven novicio crecían a medida que sus compañeros se burlaban y reían del suceso. Tal fue así que lo apodaron "papa rabiosa", hecho este que enfureció aun más el agriado talante del joven. 

Y el lector se preguntará por qué papa rabiosa actuaba de esa forma insensata y pueril. Para ello debemos remontarnos a la anterior vida del joven, antes de su entrada al monasterio.

Papa rabiosa era un joven inquieto movido por su curiosidad y sus ansias de cultura. Desdeñando el trato con el vulgo, sus aspiraciones siempre fueron llegar a ser sabio y ser considerado como tal: un hombre de gran raciocinio, portador de una lógica imbatible. Lo irónico es que en su fuero más profundo papa rabiosa, sentía la más viva necesidad de crear una familia, posicionarse en la sociedad y ser valorado y aceptado por sus semejantes. Un buen empleo, una buena carreta, un buen caballo y un lecho cálido y acompañado de una bella mujer que en un futuro le diera descendencia. Pero qué diferente era la realidad en la soledad del monasterio, cuyo frío y duro lecho de granito no aplacaba los ánimos del joven. Pero la sabiduría había que tomarla de algún lado-pensaba- y esta llegaba apartándose de lo mundano del pueblo, ahí vivían seres a su vista, embrutecidos, vulgares, soeces, previsibles, consumistas y llenos de traumas. El se consideraba superior y con ese propósito decidió emprender el camino de la sabiduría: la iniciación.

Un buen día en el Monasterio, harto ya de las burlas de sus compañeros y su viejo maestro, enfurecido y frustrado considerando a los monjes más soeces aun que el vulgo que dejó atrás en su pueblo, decidió marcharse de allí. Con llantos de rabia, desató el nudo de una barca para cruzar el río que lo devolvería al pueblo, a la sociedad. Se subió de un salto. El viejo monje, lo miraba escondido desde una gran rosaleda del jardín del Monasterio.  El joven empezó a remar con gran esfuerzo, resoplando movía los remos. No se había percatado que todo el suelo de la barca estaba repleto de papas. El peso fue excesivo para tan pequeña embarcación, que a mitad de ambas orillas, acabó por quebrarse y hundirse, llevándose consigo al protagonista de nuestra historia. 

El viejo monje contempló callado toda la escena, cabizbajo aspiró el aroma de una rosa y se marchó.


Una vez que se ha decidido cruzar el río, no hay vuelta atrás.

"FUCK SNOBS!!"

domingo, 27 de agosto de 2017

Los maestros, los guías

Pelegrina, Guadalajara.



"Amo la naturaleza, amo la música de Bach
Amo al árbol, al viento  y al caballo
Y guardo para mí un anhelo profundo:
El de sumarme un día a la legión de los anónimos,
sin nombre, sin imagen, sin historia personal,
sólo un canto de amor y paz
que el viento lleva hacia un mundo de hermanos"

Atahualpa Yupanqui


La Pedriza, Madrid


¿Qué es el hombre sin la naturaleza? Un ser que deambula dormido en la oscuridad  de la rutina y el materialismo, de la egolatría y egocentrismo. En definitiva, un ser destructivo con el medio qu e le soporta, con sus semejantes y sobre todo consigo mismo. Sin comprender, respetar y admirar la maravilla de lo vivo el humano poco a poco, se marchita en vida.

La Música, sigue e imita la armonía de la Naturaleza, de esto sabían bien Don Atahualpa y Johann S. Bach. Dos maestros que nos dejaron su legado para no perdernos en el caos y en la oscuridad.

Su música sigue siendo una antorcha...


jueves, 20 de julio de 2017

Cultiva el corazón



Cultiva el corazón.
Aliméntalo con humildad, sencillez.
Se regocija con lo simple,
algo tan simple como lo es el oler el aire después de una lluvia
ver las gotas posadas en las hojas
y saber que esas simples, minúsculas gotas alimentarán la vida,
harán  crecer la hierba del humilde reino vegetal que a todos alimenta.
Pues todo crece por el calor y la generosidad
de algo superior, que no podemos vislumbrar pero sí sentir.
Alimenta tu corazón
para que un día fuerte y sano
cual robusto árbol
y a semejanza de éste
sabio y humilde, acepte su destino
alegre e infinito.